martes, 1 de noviembre de 2011
Escrito XXXV
Una vez me dijeron "no te encierres en ti misma", confieso que esa simple frase me dejó helada y pensativa por fracciones de segundo, mi inmediata reacción fue totalmente a la defensiva. Si, él me quiere, se preocupa por mi, por mi bienestar; él quiere conocerme y yo no lo he dejado, pero tampoco puede forzarme a confiar en él, a mostrarle lo que pocos conocen solo por sentirse con el derecho de conocerlo. Una vez le dije "que me quieras no significa que te pertenezca" y así es, y así será siempre, con todos. Ahora bien, esa pequeña frase no deja de ser verdadera, no deja de mantenerme helada. "No te encierres en ti misma", cuesta... ¿cuánto llevo encerrada en mi misma? toda mi vida quizá... si, toda mi vida, cortos y eternos 16 años encerrada en un cuerpo que sufre las consecuencias de una mente y un alma cansada. Recuerdo alguna vez en que fui yo. Si una vez fui completamente yo, o eso creo, esa linda etapa en donde comenzaba a descubrirme, donde gracias a ese corto periodo de tiempo empece a saber cómo era yo misma, a conocerme, definirme, creo que después de ese tiempo me he podido describir de verdad. Aún así nada evitó que siguiera dentro de mi, peor aún, todo lo que descubrí fue enviado de golpe al fondo de mis emociones dejándolas cautivas de las heridas que han tardado en sanar y han cicatrizado lentamente pero tan firme que para salir tendré que resultar herida nuevamente. Espero que esas heridas no sean de las que hayan que cerrar, sino de esas que con orgullo se muestran diciendo "ahora soy más fuerte... y más feliz, vivo expuesta, se ve la carne viva pero hay alguien que me protege y las cura día a día y no las dañará por nada en el mundo..." difícil que llegue ese día, difícil que pueda vivir así, con ese nivel de confianza. La sangre ya está coagulada.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario