lunes, 14 de noviembre de 2011

Escrito XL - Mi nombre es Cecilia part.2

No recuerdo mucho de ese tramo de la historia, solo sé que estaba muy mareada y demasiado preocupada por mi amiga, tanto que casi no sentía los golpes. Por lo que recuerdo sucedió así: estábamos los seis rebeldes tendidos en el suelo, uno tuvo que sacarse el pañuelo solo para vomitar, así de fuertes estaban los químicos, la Cami se desmayó y los otros tres tratábamos a como diera lugar de respirar, en eso llegan muchos más "amiguitos" de los que creí, sentí dos manos firmes que me tomaban de cada brazo mientras avanzaban conmigo arrastras de espalda, veía como recogían a los demás como si fuesen cosas, tenía medio cuerpo en el aire y las piernas arrastrando, parecía que me estrangularan los brazos con sus manos gigantes que abarcaban del codo a la axila, ya no los sentía, como si no los tuviera; a uno de los tipos que cayó conmigo lo tomaron entre cuatro, uno de cada extremidad mientras su cabeza caía hacia atrás, otro de ellos intentó arrancar levantándose a penas, obviamente no pudo, el que vomitaba recibió una dura patada en el costado izquierdo, justo en las costillas, mientras estaba hincado,fue tan fuerte que lo botó y cayó casi en la misma posición, la encapuchada recibió la peor parte de lo que vi, una perra la tiro de su largo cabello para levantarla, mientras gritaba dos más llegaron a tomarla de las muñecas, Cami al menos no fue violentada...tanto, como estaba desmayada una tortuga la tomo en brazos y así,mientras uno quedaba en el piso, una caminando, una en brazos, otro colgando, uno a palos y yo arrastrando fuimos llevados a la micro, poco recuerdo de lo que sentí, y no distingo qué moretones son de ese momento y no de los otros...
Ya arriba cobré un poco la razón, habían unas cinco personas además de nosotros, todos en diferentes condiciones. Me acuerdo muy bien de un fotógrafo, que con los ojos hinchados trataba de esconder su cámara, que por lo demás se veía bastante costosa. Allí, congregados unas diez personas victimas de los abusos y la fuerza desmedida, otros no tan víctimas, ya que solo por defensa se han vuelto victimarios a la luz pública que muestra consecuencias y no razones, además de criminalizar todo lo que dicen y no conviene que se diga. No sé cuanto tiempo estuvimos allí, recuerdo haberme acercado a la Camila para ver cómo estaba, tenía unos rasmillones en los codos y uno en la frente, por lo demás no se veía tan mal, eso me tranquilizó un poco, después de eso todo se fue a negro hasta que un fuerte golpe en la nuca me despertó 
- No estás aquí para dormir pendejita
Escuche teniendo aún la vista nubosa, cuando por fin abrí los ojos vi a la novata de mi amiga con su cara de ternura 
- ¿Estás bien? - dijo bastante angustiada
- Si no te preocupes, no es nada grave, ¿cómo estás?- le contesté a sus incertidumbres
- ¿Cómo llegamos aquí?
- Basta, tampoco están para conversar, no las trajimos aquí a hacer vida social - interrumpió una voz masculina muy severa - y si está aquí es por dárselas de justiciera, más bien de delincuente.
En ese momento subieron a dos personas más, bastante jóvenes, uno gritaba "¡Libertad!" hacía afuera resistiendo la detención, otra lloraba pero no de pena, en su rostro se veía una frustración tremenda y sus ojos estaban llenos de rabia. En ese momento fue cuando me dediqué a observar quienes estaban a mi alrededor: Camila, por su puesto, estos dos nuevos jóvenes, tres de los cuatro capuchas con los que fuimos detenidas, el fotógrafo, dos pingüinos cuyas insignias me recordaron mi eterna adolescencia, un hombre de unos cincuenta años con una calma admirable, unos ojos perdidos en el qué pasará aunque por su tranquilidad podría asegurar que sus vivencias se lo advertían claramente, y una mujer, clase media, pelo castaño, rostro esperanzador pero lleno de desesperación, estaba con un niño de unos doce años, parecía ser su hijo por como lo protegía.
Después de eso la micro partió, sin tener la más mínima idea de donde iríamos. En un momento se detienen, allí comenzó de nuevo....

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