- Bueno, este es un procedimiento de rutina
Las peores palabras que puede escuchar de un oficial. Era un hombre grande, corpulento y a esto agrégale toda la protección y volumen de su equipo de trabajo, a pesar de tener el casco puesto se veían unos rulos negros de cabellos gruesos, tosco, moreno y de una voz muy grave, pero sin ese toque sexy de las voces masculinas, esta era grave de gravedad.
"Procedimiento de rutina" qué tan severo podría ser, en mí pensaba que preguntarían lo común: nombre, edad y ocupación, olvidaba que mi última detención había sido cuando aún se fingía una democracia.
- Acérquense de a uno, identifíquense y nombren la organización a la que pertenecen, están muy equivocados si creen que fueron detenidos al azar así que más les vale cooperar.
Estas palabras me helaron por completo. Qué podría hacer una madre con su hijo pequeño, un anciano, mi amiga... personas inocentes que solo se manifestaban, o que simplemente estuvieron en el momento y lugar equivocado. Entonces de a uno fueron pasando, al principio todos nos mirábamos unos a otros como diciendo quién se atreverá primero, quién estará libre de polvo y paja.
Una valiente, o ilusa se acercó al oficial, ella, la misma que levantaron del pelo, seguramente no temía qué le harían y ya estaba dispuesta a todo, cooperaría o pensaba que por ser sincera no recibiría castigo alguno.
- María Esperanza Fernandez, diecisiete años, Colectivo Molotov
- Muy bien señorita, estamos hablando el mismo idioma, puede bajar - sus palabras no sonaban tan graves como pensaba - en silencio - dijo después de unos segundos en son de amenaza
La jovencita bajo con la mirada puesta en el oficial y así fueron acercándose identificándose y bajando los demás detenidos.
- Víctor Gutierrez, diecinueve años, Colectivo Molotov
- Miguel Monsalves, diecinueve años, Colectivo Molotov
Ellos eran los otros dos encapuchados detenidos junto con nosotras
- Lamento decirles que deben entrar de todas formas a la comisaría- les aclaró el oficial mientras seguía el proceso irregular
- Gonzalo Tapia - se identificaba el anciano - sesenta y dos años, Ex frentista
Sabía que un pasado lleno de historias debía tener el hombre, para permanecer tan poco perturbado. El paco lo miró y sonrió tétricamente, el anciano le devolvió la sonrisa.
Luego vino la mujer con su hijo se identificaron ambos como Luisa Quiroz y Guillermo Espinoza, alumno de apoderada del Colegio Libertad de Cerro Navia, ellos no tenían arte ni parte en la mercocha. Y así sucesivamente, los estudiantes, los últimos jóvenes en ser detenidos, el fotógrafo perteneciente a una revista independiente y al final Camila y yo.
Temblorosa Cami traga saliva y dice:
- Camila Cornejos, diecinueve años, estudiante de ingeniería en la Universidad de Chile
El oficial la miró, me miró a mi y mientras le gritaba mentirosa la golpeo en la cara de revés con la superficie de la mano, tan fuerte fue que mi amiga casi se cae y el sonido se pudo haber escuchado perfectamente desde fuera junto con el grito.
- ¡¡¡No le peguí hijo de perra !!!- salio de mi como si nunca hubiese insultado a nadie, con la rabia de ver humillada a una amiga por un abusador.
- A ver defensora, identifíquese y aguante si fue tan cobarde de ser la última - decía con una risa malévola entre labios
- Primero pido tu identificación, es mi derecho, y su deber llevar consigo su identificación, cosa que no hace ( y que no se venía haciendo hace años)- Contesté enrabiada y con el orgullo herido porque se cierta forma tenía razón, me tomé mucho tiempo para saber qué decir.
- ¿Y todavía crees que tienes derechos?- dijo riéndose mientras volteaba a ver a sus compañeros de crueldades- ¡Esta niñita todavía cree que tiene derechos!- terminaba de decir cuando con una luma siento el calor de un golpe lleno de disfrute en la espalda - ¡Identificare mierda!
Me levante humillada y contesté
- Tamara Correa, veintiún años, estudiante de medicina en la Universidad de Chile.
Me miró fijamente por unos segundos hasta que volteo la cabeza e hizo un gesto a una perra que estaba a sus espaldas, esta le llevó un papel que hasta hoy no sé que fue, supongo que alguna foto o algo por el estilo.
- Bájense ambas y calladitas - era claramente una amenaza.
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