jueves, 26 de abril de 2012
martes, 24 de abril de 2012
Escrito LXXV
Cuánto tiempo ha pasado
desde que pisé esta fría tierra.
Ya el concepto de tiempo me es escaso:
vivo del día y de la noche;
me despierto con el amanecer
en cada saludo que dan las aves al sol
y duermo cuando el abatir del día me lo propone
¿Cuán cansado se puede estar de este lugar?
Aquí no te esfuerzas al respirar,
tu vista no colapsa,
es verde por doquier
y sobre tu corona un claro azul.
Respiras calma y buen vivir.
Cada día te ofrece algo nuevo.
Dejas de correr,
y logras apreciar la tierra entre tus dedos
Tu mente es todo, todo lo que ves,
todo lo que oyes, todo lo que respiras.
Experimentas el éxtasis de vivir
y no solo sobrevivir.
Disfrutas de estar, al fin,
en un Lucus Amoenus
desde que pisé esta fría tierra.
Ya el concepto de tiempo me es escaso:
vivo del día y de la noche;
me despierto con el amanecer
en cada saludo que dan las aves al sol
y duermo cuando el abatir del día me lo propone
¿Cuán cansado se puede estar de este lugar?
Aquí no te esfuerzas al respirar,
tu vista no colapsa,
es verde por doquier
y sobre tu corona un claro azul.
Respiras calma y buen vivir.
Cada día te ofrece algo nuevo.
Dejas de correr,
y logras apreciar la tierra entre tus dedos
Tu mente es todo, todo lo que ves,
todo lo que oyes, todo lo que respiras.
Experimentas el éxtasis de vivir
y no solo sobrevivir.
Disfrutas de estar, al fin,
en un Lucus Amoenus
lunes, 23 de abril de 2012
Escrito LXXIV - Dependencia Emocional
Odio.
Odio ese noble corazón que ha muerto entre mis manos.
Odio esos dulces labios de palabras caramelo y besos con sabor a sonrisas
Odio esos sueños de mundos imposibles, de un mundo juntos.
Odio esas manos y ese tacto, suave y tibio, que eriza la piel
Odio todo de ti, odio cuánto te quiero o cuánto te quise.
Me odio.
Odio ese impulso de correr y cerrar la puerta
Odio mi propio odio a las cadenas
Odio mi indecisión
Odio mis caprichos
Odio cada picaflor.
Odio esas noches de ternura bajo el cielo estrellado
Odio no extrañarlas, odio cuánto las añoras.
Odio tu bondad, mi crueldad e indiferencia
Odio cuánto me amas, cuánto me piensas, cuánto me escribes.
Te odio, me odio.
Por esa simple razón no estoy junto a ti.
- Y odio la nueva edición de blogspot -
Odio ese noble corazón que ha muerto entre mis manos.
Odio esos dulces labios de palabras caramelo y besos con sabor a sonrisas
Odio esos sueños de mundos imposibles, de un mundo juntos.
Odio esas manos y ese tacto, suave y tibio, que eriza la piel
Odio todo de ti, odio cuánto te quiero o cuánto te quise.
Me odio.
Odio ese impulso de correr y cerrar la puerta
Odio mi propio odio a las cadenas
Odio mi indecisión
Odio mis caprichos
Odio cada picaflor.
Odio esas noches de ternura bajo el cielo estrellado
Odio no extrañarlas, odio cuánto las añoras.
Odio tu bondad, mi crueldad e indiferencia
Odio cuánto me amas, cuánto me piensas, cuánto me escribes.
Te odio, me odio.
Por esa simple razón no estoy junto a ti.
- Y odio la nueva edición de blogspot -
domingo, 22 de abril de 2012
miércoles, 4 de abril de 2012
Escrito LXXIII
Era un día igual a todos, con el insoportable calor de un verano que se rehúsa a partir. La jovencita sentada en el banco entre el pasto. Aún no era la hora. Un hombre ordinario camina frente ella, la mira sorprendido como si hubiese encontrado lo que buscaba, y se le acerca con confianza. Era de unos cuarenta y tantos años, algo gastado por la vida, moreno de raíces y de un inconfundible mas no identificable acento extranjero. Ella tenía unos catorce años, de riguroso uniforme y rostro de niña perdida en la ciudad. ¡Buenas! ¿eres de Santiago? - pregunta el hombre con soltura - Si - contesta la niña, inquieta y desconfiada. Hace un tiempo había sido interrumpida por una gitana de mal corazón. Ahora se veía expuesta, sola en la ciudad, con sus objetos de valor sobre la banca. Ya no podía confiar en nadie, y allí estaba, frente a un extraño de aspecto roñoso.
- ¿Dónde queda el barrio Lastarria?
La niña le contesta al azar, sabía que estaba cerca pero no cuánto. Con amabilidad busca sacarse de encima al forastero y volver a su tranquila soledad en el espera del tiempo.
- Cuida tu aura, niña - le dice de la nada, logrando la sorpresa de la joven - Estas muy azul. No hagas lo que estas pensando hacer - Un momento de cómplice silencio, los dos extraños sabían perfectamente de qué estaban hablando. El hombre erradicado en Valparaíso se transformaba en un guía y salvador, y la muchachita en un alma salvada a pura casualidad.
Parecía conocerla más que los breves segundos de una pregunta, y se encontraba en su mente más que ella misma. Si, ese tipo era especial, al igual que la niña.
Él reconocía las virtudes de ella, ambos sabían que estaban allí, aunque la chica no lo lograra creer.
- Tienes un sexto sentido, algo especial. Sientes las energías pero no lo notas- lo dice eufórico con ánimos de reproche. Hablaba con soltura, como si fuera lo más normal, algo parte de la rutina.- presta atención, concéntrate.- El sujeto no lograba comprender que una criatura dotada de esa sensibilidad no la aprovechara, y ella no salía de la sorpresa de tantas coincidencias ¿por qué ella, un bichito raro más de la colonia?, no era primera vez que se lo preguntaba.
El tipo mira su reloj y dice al viento - me demoraré un poco, pero no importa- y ofrece a a niña leer las cartas. El hombre habla de corazón, se comunica con los astros y dice respetar a su dios. Sabe mucho para no ser cierto.
Media hora sobra en el reloj de la niña, pero su temor evita una respuesta afirmativa. Como en todo orden de cosas su mayor deseo era salir corriendo - ¡No puedo!- dice rápido, casi violento, pero muy tímido - lo siento, pero tengo que juntarme con alguien en el edificio de en frente- no mentía, mas el tiempo decía que no era menester. El sujeto solo dice que no importa y como si fuese otra persona repite la pregunta que inicio su conversación. La niña le da la misma respuesta y el hombre se va - quedó una sensación de vacío en el ambiente- igualmente lo hizo la joven.
- ¿Dónde queda el barrio Lastarria?
La niña le contesta al azar, sabía que estaba cerca pero no cuánto. Con amabilidad busca sacarse de encima al forastero y volver a su tranquila soledad en el espera del tiempo.
- Cuida tu aura, niña - le dice de la nada, logrando la sorpresa de la joven - Estas muy azul. No hagas lo que estas pensando hacer - Un momento de cómplice silencio, los dos extraños sabían perfectamente de qué estaban hablando. El hombre erradicado en Valparaíso se transformaba en un guía y salvador, y la muchachita en un alma salvada a pura casualidad.
Parecía conocerla más que los breves segundos de una pregunta, y se encontraba en su mente más que ella misma. Si, ese tipo era especial, al igual que la niña.
Él reconocía las virtudes de ella, ambos sabían que estaban allí, aunque la chica no lo lograra creer.
- Tienes un sexto sentido, algo especial. Sientes las energías pero no lo notas- lo dice eufórico con ánimos de reproche. Hablaba con soltura, como si fuera lo más normal, algo parte de la rutina.- presta atención, concéntrate.- El sujeto no lograba comprender que una criatura dotada de esa sensibilidad no la aprovechara, y ella no salía de la sorpresa de tantas coincidencias ¿por qué ella, un bichito raro más de la colonia?, no era primera vez que se lo preguntaba.
El tipo mira su reloj y dice al viento - me demoraré un poco, pero no importa- y ofrece a a niña leer las cartas. El hombre habla de corazón, se comunica con los astros y dice respetar a su dios. Sabe mucho para no ser cierto.
Media hora sobra en el reloj de la niña, pero su temor evita una respuesta afirmativa. Como en todo orden de cosas su mayor deseo era salir corriendo - ¡No puedo!- dice rápido, casi violento, pero muy tímido - lo siento, pero tengo que juntarme con alguien en el edificio de en frente- no mentía, mas el tiempo decía que no era menester. El sujeto solo dice que no importa y como si fuese otra persona repite la pregunta que inicio su conversación. La niña le da la misma respuesta y el hombre se va - quedó una sensación de vacío en el ambiente- igualmente lo hizo la joven.
martes, 3 de abril de 2012
Escrito LXXII - A oscuras
Cuando no hay luces encandecentes
ni ruidos desnaturalizados,
la tierra habla por si sola
y sus latidos se sienten
hasta en las más amplias latitudes.
Sientate a escuchar y cierra los ojos,
comenzarás a ver lo que te ocultan todos los días.
Tapa tus oídos.
Abre tus sentidos.
Verás figuras nuevas.
Sombras por doquier
te das cuenta que no deben estar
y gigantes de asfalto son reemplazados
por lo único que nunca se ausentará.
Los gruesos hilos se pierden en el negro
y por fin te es notorio cuánto estorban.
Los vientos te traen los únicos ruidos dignos de oír.
Silencio. Detente a escuchar la nada;
así suena el vacío,
tan rítmico y melódico
que nunca lo captaste,
hasta ahora.
Por fin entiendes
tus lindos adornos no son eternos
y cuando más los necesitas no sirven.
Basta un simple enojo y todo cae.
Por esto vivo donde me encuentre la noche
y hago de mi hogar el camino.
¿Habrás aprendido?
no necesitas más que el cielo,
la tierra, el río, el sol, las estrellas.
Toma asiento, yo invito;
siente esos latidos bajo tu cuerpo
tienen tanta vida como tú
tienen más vida que yo.
Abre los ojos y dime qué ves
¿no te parecen lindo esos lejanos brillos?
Despierta.
Estamos aquí por préstamo,
y no por mucho;
excedimos la cuota,
ahora nos toca pagar.
ni ruidos desnaturalizados,
la tierra habla por si sola
y sus latidos se sienten
hasta en las más amplias latitudes.
Sientate a escuchar y cierra los ojos,
comenzarás a ver lo que te ocultan todos los días.
Tapa tus oídos.
Abre tus sentidos.
Verás figuras nuevas.
Sombras por doquier
te das cuenta que no deben estar
y gigantes de asfalto son reemplazados
por lo único que nunca se ausentará.
Los gruesos hilos se pierden en el negro
y por fin te es notorio cuánto estorban.
Los vientos te traen los únicos ruidos dignos de oír.
Silencio. Detente a escuchar la nada;
así suena el vacío,
tan rítmico y melódico
que nunca lo captaste,
hasta ahora.
Por fin entiendes
tus lindos adornos no son eternos
y cuando más los necesitas no sirven.
Basta un simple enojo y todo cae.
Por esto vivo donde me encuentre la noche
y hago de mi hogar el camino.
¿Habrás aprendido?
no necesitas más que el cielo,
la tierra, el río, el sol, las estrellas.
Toma asiento, yo invito;
siente esos latidos bajo tu cuerpo
tienen tanta vida como tú
tienen más vida que yo.
Abre los ojos y dime qué ves
¿no te parecen lindo esos lejanos brillos?
Despierta.
Estamos aquí por préstamo,
y no por mucho;
excedimos la cuota,
ahora nos toca pagar.
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