Si hay algo más terrible que sentirse destruida, es sentirse destruida y que no estés. Peor aún cuando son las cinco y ya es muy tarde para un mensaje, para hablarte. Si hay algo más terrible aún es que algún día no estarás y me tocará levantar mis pedacitos sola, lo que sin ti sería quedarme echa trisas en el suelo hasta irme contigo. Lo increíblemente terrible es que te quiero y te necesito, que sin ti nada sería lo mismo.
Lo no tan terrible es que te leo, y si no estás te leo y vuelves a estar, ahí, acompañándome, en cada letra.
Lo más sorprendente es que me vuelvo terriblemente cursi, pero contigo eso tiene valor, y todo deja de ser tan terrible.
jueves, 28 de febrero de 2013
domingo, 24 de febrero de 2013
Escrito CLXIV (supongo)
Sí, hay un hombre ahí, aquí. Esta de pie junto a la puerta, vigilándome de vez en cuando, siempre de noche. Ahí está, casi en el umbral. Su silueta alta, de contextura media, sí, es un hombre. No logro distinguir su rostro, solo veo su oscuro cuerpo moverse. La primera noche que lo vi estaba inmovil en mi cama, con el rostro hacia él, perturbada, asustada por no poder mover músculo alguno de mi cuerpo; y él me miró, con cuidado se acercó y hurgueteó entre mis cosas, en el sofá, en el escritorio, entre las maderas que sostienen mi cama, sentía sus manos empujando el colchón en su búsqueda. Hoy me sorprendió su visita, sigue ahí, misterioso (¿qué querrá?), sin miedo lo tengo a menos de un metro, justo después de que se quemará la luz. No molesta, no asusta. Es un ser oscuro pero pasivo. Inclina su cabeza, cruza los brazos. No vislumbro sus facciones pero sé cada uno de sus gestos. Esa noche estaba ansioso, casi desesperado; hoy es paciente, parece solo vigilar, observar... esperar. (¿querrá que me vaya a acostar para seguir buscando?).Viene hacia mi, se inclina y acerca su rostro al mio, como intentando reconocerme, y luego vuelve a su lugar, vuelve a cruzar los brazos, vuelve a esperar...
Este podría ser un magnífico cuento de suspenso, o quizá inspirar pavor, impotencia... pero no. Esto es algo normal.
Este podría ser un magnífico cuento de suspenso, o quizá inspirar pavor, impotencia... pero no. Esto es algo normal.
viernes, 22 de febrero de 2013
Caminos
Una noche de verano, entre tanta lágrima y olvido, se escabulló entre las sábanas con su ropa interior y su ancha polera, apenas alumbró unas cajitas donde tenía aquel cigarro que había encontrado - "algún día lo necesitaré"- se dijo antes de guardarlo. Tomó una caja de fósforos desde su cómoda y con sigilo caminó por sobre el piso de madera, bajó las escaleras, tomó las llaves y abrió la puerta y allí se sentó. No fumaba, al menos no habitualmente, pero prendió ese cigarrillo con gusto a olvido. Escuchaba las sirenas a lo lejos, veía las pocas estrellas que le daba la noche urbana y recordaba, por sobre todo, recordaba. Tenía en frente ese viejo árbol, bajo el cual tantas veces lo vio esperando de espaldas o con la mirada baja, hasta que la veía y sonreía como si apenas la notara; a un par de metros tenía la luz, esa amarillenta luz que los vio abrazados hace tiempo, cerca de la misma hora, cuando creía que estaba y que estaría a pesar de todo; tenía en sus narices esa calle, ese asfalto por el cual lo vio llegar e irse, donde caminaron juntos, donde se gritaron caricias. Esa noche no tenía nada. Nada más que recuerdos, y la ilusión de todo escritor soñador de que por coincidencia se juntara el pasado y el presente y volviera a verlo llegar a mitad de la noche con un abrazo entre manos y un beso en los labios. Esa noche de recuerdos se decidió a olvidar, porque ya más nada le quedaba...
Llevaba poco más de un mes de su regreso definitivo. Volvió al que fue siempre su hogar mientras se armaba de valor para construir el suyo propio. Para no despertar ya a los cincuentones cerró la puerta, prendió la luz y buscó entre sus cosas a medio ordenar (aún, pues pensaba que su estadía con los viejos sería fugaz y transitoria) uno de los cuantos puros que trajo. Era una noche de verano pero el calor santiaguino es de una característica sequedad y ni las más altas temperaturas se aproximarían a la sensación térmica de donde venía; por ello se puso pantalón largo, zapatillas y un chaleco delgado sobre la ancha polera que acostumbraba por años a llevar. Abrió la puerta, apagó la luz y bajó en silencio las escaleras; tomó las llaves y salió a caminar. No fumaba mucho, pero estando en la tierra del tabaco no se podía resistir a un habano de vez en cuando, sobretodo los días de añoranza, tanto allá como acá, como esa noche. Caminó por las calles que la vieron crecer y recordó momentos que atesora en su corazón hasta el día de hoy; los abuelos que ya no están, los amigos que quedaron en el camino y los que perduraron en el tiempo y en su corazón, las casa pequeñas que hoy son grandes, los cachorros que hoy son perros viejos, todo le era tan ajeno y familiar. El árbol ya no esta, la luz ahora es blanca, la calle sigue igual; ella se fue y volvió sola, de él no sabe hace varios años atrás.
Esa noche su amiga estaba de turno mientras ella tenía insomnio. Sacó un libro pendiente hace años, nunca podía leer más de un capítulo por vez. Se levantó de la cama y salió por el pasillo hacia el espacio de un ambiente. Entre las cortinas mal cerradas del living se asomaba resplandeciente la luz de la luna y ella se quedó fija, mirándola, a metros del ventanal. Volvió a su habitación, sacó un short e hizo lo que solo ella podría llamar vestirse, pues nunca le gustó la ropa ni los zapatos, desde pequeña no le importó el pudor, no tuvo pudor más que en algunos momentos de baja autoestima. Bajó por el ascensor, pues a oscuras diez pisos en escaleras no son muy recomendables y aun conservaba algo de cordura (más bien precaución), cruzó la tan transitada calle, que a esas horas en día hábil es más bien un largo y algo estrecho cementerio, cruzó el caminito de piedrecillas hasta llegar al pasto y allí se recostó a ver los astros, los pocos astros que se pueden ver en pleno centro de la ciudad con esa única luna tan inmensa y tan brillante, compañera en noches como esa llenas de soledad. No tenía vicios, se tomaba un trago de vez en cuando en algún encuentro con amigos y fumaba en las mismas ocasiones pero con una frecuencia considerablemente menor. Su familia la aman desde donde creció, orgullosos de ella, conserva a la mayoría de los amigos de hace una década e hizo grandes amistades en la facultad, vive lejos de los recuerdos ya borrosos, casi inexistentes, de lo que considera hasta hoy su único gran amor. Ella sale esporadicamente con algún colega o amigo de sus amigos que le interese y coincida en tiempo y paciencia. Él tiene esposa hace unos seis años, un hijo y una niña en camino.
Un proyecto a punto de que le aprobaran le tenía la mente en otra parte, pero no era eso, sino las nauseas, lo que no la dejaban dormir, para cualquiera no sería problema pasar una noche en vela, pero ella necesitaba toda su atención esa mañana, como en cada turno. Prendió la luz de velador y abrió el cajón en busca de unas gotas naturales pero nada encontró. Se levantó entonces, con su polera ancha, ese tan añejo y destartalado "pijama" que tanto le gustaba; caminó descalza por el pasillo hasta llegar a la cocina, pensaba en un té en su trayecto pero al llegar frente al refrigerador se le antojó ese jugo de naranja natural que habían hecho en el almuerzo, sirvió un vaso sin necesidad de prender la luz pues la luna se encargó de iluminar todo el living y la cocina, caminó hacia el ventanal con el vaso en la mano y los ojos entreabiertos por el sueño, abrió las enormes ventanas y sintió ese viento de verano, ese viento frío que corre en las noches de verano y que hacían bailar tan dulcemente las cortinas. Se asomó por el balcón y se apoyó en él, viendo la magestuosidas de la luna mientras bajo ella veía ese gran parque donde se sentaban algunas tarde a leer. Bebía sorbo a sorbo cuando siente unos brazos que la rodean desde la espalda, un rostro que reposa en su cuello, las manos que corren a un costado su cabello, un dormido beso en la mejilla y una pregunta - "¿qué le pasó que esta despierta?"- "no sé, los nervios, las nauseas"- se giró sobre sí y manteniendo el vaso en su mano para no dejarlo caer rodeo su cuello con sus brazos y lo besó con ternura luego que el pobre, medio dormido, le dijera que esa tarde la iría a buscar al hospital para acompañarla a que se hiciera una prueba. Ella tiene una fundación a medio andar, unos padres felices y locos, su hermano un distraído geniecillo y los amigos de la juventud. Su amor de niñez, por lo que ella sabe, está feliz, vive el día a día, con su trabajo, su hogar y su amada. Viven juntos hace cuatro años, se perdieron de jóvenes pero se recuperaron al rato y como siempre pensaron, aprovechan su depa para reunirse el mismo grupito de antaño.
Venían llegando de madrugada agotados por las más de seis horas de vuelo. La mañana era de un cálido sol y la típica brisa fría de verano esa que eriza los vellos de la piel. A ella la recibían sus parientes, felices de tenerlos a ambos de vuelta en su tierra por más de un mes. Desempacaron y se acostaron en la que sería su cama por los siguientes cuatro meses, tiempo que demoraron en hacer los trámites correspondientes y en encontrar el que sería su futuro hogar; se quedaron dormidos de cansancio mas ella despertó al rato. Caminó a la cocina por un café. Todo le era tan familiar, nada había cambiado en los meses que transcurrieron de su última visita, y recordando cómo dejó su casa y su familia en un comienzo, tampoco estaban muy diferentes. Caminó con el café en las manos y dándole pequeños y suaves soplidos hasta pararse en el umbral de la puerta de entrada, veía el amanecer donde evocó los recuerdos de su juventud: sus alegrías, sus penas, sus encuentros y sus desamores, todo lo que había pasado en esa ciudad y en particular en esa calle, donde el viejo árbol que era cada vez más grande, la iluminaba la luz ahora blanca del poste de la esquina, y el asfalto seguía igual de picado, casi nada había cambiado pero todo era muy distinto. Al rato sintió unas manos acariciar sus brazos y un beso en uno de ellos, era él, el que dentro de un año sería su marido.
Se conocieron en el internado, un día antes de un examen, en la biblioteca de la universidad, él se le acercó a preguntarle por una materia, ella siempre creyó que era una excusa pero él no lo reconoció hasta el día del "matrimonio"; ambos chilenos, ambos santiaguinos, de nostálgicos amigos pasaron a complementarios amantes, y su amor creció entre heridos, trabajos solidarios, enfermedades y revolución; decidieron vivir juntos a su regreso a tierra natal, luego de tres años juntos en el lejano país.
De su primer amor, el que una vez lloró en el mismo lugar en que estaba de pie esa mañana, poco sabía. Se habían encontrado el primer año que volvió de vacaciones, como dos viejos conocidos; poco más tarde en una reunión con amigos se volvieron a encontrar, lo último que supo gracias a esa reunión es que vivía dichoso junto a la que después de varias pseudo relaciones fallidas había reconocido como la mujer de su vida, con la que comenzó un noviazgo a los pocos meses de que ella se fuera. Se volverían a ver luego en la inauguración de su nueva casa, donde ella reunió a sus viejos amigos y su familia con los de su pareja. Ambos recuperaron su amistad luego de superado el término, rehicieron sus vidas y hoy son felices cada quien por su cuenta, recordando con cariño los errores que cometieron de niños.
Llevaba poco más de un mes de su regreso definitivo. Volvió al que fue siempre su hogar mientras se armaba de valor para construir el suyo propio. Para no despertar ya a los cincuentones cerró la puerta, prendió la luz y buscó entre sus cosas a medio ordenar (aún, pues pensaba que su estadía con los viejos sería fugaz y transitoria) uno de los cuantos puros que trajo. Era una noche de verano pero el calor santiaguino es de una característica sequedad y ni las más altas temperaturas se aproximarían a la sensación térmica de donde venía; por ello se puso pantalón largo, zapatillas y un chaleco delgado sobre la ancha polera que acostumbraba por años a llevar. Abrió la puerta, apagó la luz y bajó en silencio las escaleras; tomó las llaves y salió a caminar. No fumaba mucho, pero estando en la tierra del tabaco no se podía resistir a un habano de vez en cuando, sobretodo los días de añoranza, tanto allá como acá, como esa noche. Caminó por las calles que la vieron crecer y recordó momentos que atesora en su corazón hasta el día de hoy; los abuelos que ya no están, los amigos que quedaron en el camino y los que perduraron en el tiempo y en su corazón, las casa pequeñas que hoy son grandes, los cachorros que hoy son perros viejos, todo le era tan ajeno y familiar. El árbol ya no esta, la luz ahora es blanca, la calle sigue igual; ella se fue y volvió sola, de él no sabe hace varios años atrás.
Esa noche su amiga estaba de turno mientras ella tenía insomnio. Sacó un libro pendiente hace años, nunca podía leer más de un capítulo por vez. Se levantó de la cama y salió por el pasillo hacia el espacio de un ambiente. Entre las cortinas mal cerradas del living se asomaba resplandeciente la luz de la luna y ella se quedó fija, mirándola, a metros del ventanal. Volvió a su habitación, sacó un short e hizo lo que solo ella podría llamar vestirse, pues nunca le gustó la ropa ni los zapatos, desde pequeña no le importó el pudor, no tuvo pudor más que en algunos momentos de baja autoestima. Bajó por el ascensor, pues a oscuras diez pisos en escaleras no son muy recomendables y aun conservaba algo de cordura (más bien precaución), cruzó la tan transitada calle, que a esas horas en día hábil es más bien un largo y algo estrecho cementerio, cruzó el caminito de piedrecillas hasta llegar al pasto y allí se recostó a ver los astros, los pocos astros que se pueden ver en pleno centro de la ciudad con esa única luna tan inmensa y tan brillante, compañera en noches como esa llenas de soledad. No tenía vicios, se tomaba un trago de vez en cuando en algún encuentro con amigos y fumaba en las mismas ocasiones pero con una frecuencia considerablemente menor. Su familia la aman desde donde creció, orgullosos de ella, conserva a la mayoría de los amigos de hace una década e hizo grandes amistades en la facultad, vive lejos de los recuerdos ya borrosos, casi inexistentes, de lo que considera hasta hoy su único gran amor. Ella sale esporadicamente con algún colega o amigo de sus amigos que le interese y coincida en tiempo y paciencia. Él tiene esposa hace unos seis años, un hijo y una niña en camino.
Un proyecto a punto de que le aprobaran le tenía la mente en otra parte, pero no era eso, sino las nauseas, lo que no la dejaban dormir, para cualquiera no sería problema pasar una noche en vela, pero ella necesitaba toda su atención esa mañana, como en cada turno. Prendió la luz de velador y abrió el cajón en busca de unas gotas naturales pero nada encontró. Se levantó entonces, con su polera ancha, ese tan añejo y destartalado "pijama" que tanto le gustaba; caminó descalza por el pasillo hasta llegar a la cocina, pensaba en un té en su trayecto pero al llegar frente al refrigerador se le antojó ese jugo de naranja natural que habían hecho en el almuerzo, sirvió un vaso sin necesidad de prender la luz pues la luna se encargó de iluminar todo el living y la cocina, caminó hacia el ventanal con el vaso en la mano y los ojos entreabiertos por el sueño, abrió las enormes ventanas y sintió ese viento de verano, ese viento frío que corre en las noches de verano y que hacían bailar tan dulcemente las cortinas. Se asomó por el balcón y se apoyó en él, viendo la magestuosidas de la luna mientras bajo ella veía ese gran parque donde se sentaban algunas tarde a leer. Bebía sorbo a sorbo cuando siente unos brazos que la rodean desde la espalda, un rostro que reposa en su cuello, las manos que corren a un costado su cabello, un dormido beso en la mejilla y una pregunta - "¿qué le pasó que esta despierta?"- "no sé, los nervios, las nauseas"- se giró sobre sí y manteniendo el vaso en su mano para no dejarlo caer rodeo su cuello con sus brazos y lo besó con ternura luego que el pobre, medio dormido, le dijera que esa tarde la iría a buscar al hospital para acompañarla a que se hiciera una prueba. Ella tiene una fundación a medio andar, unos padres felices y locos, su hermano un distraído geniecillo y los amigos de la juventud. Su amor de niñez, por lo que ella sabe, está feliz, vive el día a día, con su trabajo, su hogar y su amada. Viven juntos hace cuatro años, se perdieron de jóvenes pero se recuperaron al rato y como siempre pensaron, aprovechan su depa para reunirse el mismo grupito de antaño.
Venían llegando de madrugada agotados por las más de seis horas de vuelo. La mañana era de un cálido sol y la típica brisa fría de verano esa que eriza los vellos de la piel. A ella la recibían sus parientes, felices de tenerlos a ambos de vuelta en su tierra por más de un mes. Desempacaron y se acostaron en la que sería su cama por los siguientes cuatro meses, tiempo que demoraron en hacer los trámites correspondientes y en encontrar el que sería su futuro hogar; se quedaron dormidos de cansancio mas ella despertó al rato. Caminó a la cocina por un café. Todo le era tan familiar, nada había cambiado en los meses que transcurrieron de su última visita, y recordando cómo dejó su casa y su familia en un comienzo, tampoco estaban muy diferentes. Caminó con el café en las manos y dándole pequeños y suaves soplidos hasta pararse en el umbral de la puerta de entrada, veía el amanecer donde evocó los recuerdos de su juventud: sus alegrías, sus penas, sus encuentros y sus desamores, todo lo que había pasado en esa ciudad y en particular en esa calle, donde el viejo árbol que era cada vez más grande, la iluminaba la luz ahora blanca del poste de la esquina, y el asfalto seguía igual de picado, casi nada había cambiado pero todo era muy distinto. Al rato sintió unas manos acariciar sus brazos y un beso en uno de ellos, era él, el que dentro de un año sería su marido.
Se conocieron en el internado, un día antes de un examen, en la biblioteca de la universidad, él se le acercó a preguntarle por una materia, ella siempre creyó que era una excusa pero él no lo reconoció hasta el día del "matrimonio"; ambos chilenos, ambos santiaguinos, de nostálgicos amigos pasaron a complementarios amantes, y su amor creció entre heridos, trabajos solidarios, enfermedades y revolución; decidieron vivir juntos a su regreso a tierra natal, luego de tres años juntos en el lejano país.
De su primer amor, el que una vez lloró en el mismo lugar en que estaba de pie esa mañana, poco sabía. Se habían encontrado el primer año que volvió de vacaciones, como dos viejos conocidos; poco más tarde en una reunión con amigos se volvieron a encontrar, lo último que supo gracias a esa reunión es que vivía dichoso junto a la que después de varias pseudo relaciones fallidas había reconocido como la mujer de su vida, con la que comenzó un noviazgo a los pocos meses de que ella se fuera. Se volverían a ver luego en la inauguración de su nueva casa, donde ella reunió a sus viejos amigos y su familia con los de su pareja. Ambos recuperaron su amistad luego de superado el término, rehicieron sus vidas y hoy son felices cada quien por su cuenta, recordando con cariño los errores que cometieron de niños.
FF- Walk
Les Misérables. Santiago centro le parecía más peligroso que de costumbre, no era como otras noches de disfrute a pleno cielo nocturno, iba rápido, decidida, a qué no se sabe. Caminaba a paso firme en dirección norte por Estado, entre las pocas personas de rostros cansados a su alrededor, los locales a medio cerrar, basura del día - y no, esta vez no hablaba de las personas, sino de los típico residuos- aún así la imagen tenía su hermosura, el camino hacia un punto de fuga, rodeado de unos cuantos árboles cuyas ramas dejaban ver esa difusa luz amarilla de los viejos focos coloniales. La lista de reproducción parecía jugarle una broma durante el viaje de ida, aún así la tomo de nuevo, se puso los audífonos y dio inicio al aleatorio; soltó su cabello y lo esparció frotando las manos en su nuca, hace unos días había decidido usar el pelo suelto cada vez que quisiera. Continúo: caminaba firme y a largas zancadas, a paso decidido, con ese gesto de desordenada libertad en su cabello cuando el reproductor la vuelve a sorprender. Walk sonaba, invitándola a caminar, a dar unos pasos, dándole aliento, pero eso no era suficiente; a esa sorpresiva interpretación de lo que podría ser un apoyo del destino se le cruzó otra curiosidad, entre puestos de feria que miraba de pasada en plena Plaza de Armas uno sobresalió, cosa extraña, artesanía cubana. Tal vez ese encuentro, ese camino, ese pensamiento, esa canción, sean señales de la vida. Quizá todo sea simple coincidencia, pero ella no cree en las coincidencias.
Soledad compartida
Nos conocimos un extraño día, porque claro está, teniéndonos a nosotros de protagonistas nada puede ser normal. Él estaba, como de costumbre, solo y pensativo; yo, por mi parte, tenía un ánimo envidiable, esa fase hiperactiva e hipercuriosa de mi ciclo emocional. Así fue, gracias a sus aires misteriosos y a mi entrometida extrovertividad, que nos conocimos.
Ambos eran personas con mucho que ocultar, mas no eran secretos. Sus respectivas sensibilidades conectaron en puntos comunes, desde sus ataques repentinos y sin motivos de nostalgia y melancolía hasta esa repulsión por la humanidad, aquella que se hace llamar humanidad, a la que ellos mismos pertenecían, por ende también recibían su propio odio. Pensamientos autodestructivos y sádicos. Morbosos.
Comenzaron a compartir sus miedos y frustraciones, sus gustos, sus intereses, sus alegrías. Compartían sus ensimismamientos, respetaban sus silencios (más bien sus tiempos) porque sabían que el otro tarde o temprano se descargaría. Entre ellos buscaban sus razones, llegando a hablar un mismo lenguaje. Esas dos personas echas monstruos por dentro, encerradas en sus mentes comenzaron a compartir su soledad.
"Qué te pasa? - Lo de siempre"
Almas oscuras, pero amigas pueden tener grandes muestras de cariño.
"Te amo, loca"
"Por ningún motivo te puedes morir, no me puedes dejar sola"
Así nos acostumbramos a hablar todas las noches, a veces por horas, quizá puras boludeces. Así nos acostumbramos a estar presente aunque estemos lejos. Con pequeños gestos. Me di cuenta que no estoy sola, que esta él, y que él comparte su soledad conmigo.
(Como agradezco que no hayas tenido peritonitis)
Ambos eran personas con mucho que ocultar, mas no eran secretos. Sus respectivas sensibilidades conectaron en puntos comunes, desde sus ataques repentinos y sin motivos de nostalgia y melancolía hasta esa repulsión por la humanidad, aquella que se hace llamar humanidad, a la que ellos mismos pertenecían, por ende también recibían su propio odio. Pensamientos autodestructivos y sádicos. Morbosos.
Comenzaron a compartir sus miedos y frustraciones, sus gustos, sus intereses, sus alegrías. Compartían sus ensimismamientos, respetaban sus silencios (más bien sus tiempos) porque sabían que el otro tarde o temprano se descargaría. Entre ellos buscaban sus razones, llegando a hablar un mismo lenguaje. Esas dos personas echas monstruos por dentro, encerradas en sus mentes comenzaron a compartir su soledad.
"Qué te pasa? - Lo de siempre"
Almas oscuras, pero amigas pueden tener grandes muestras de cariño.
"Te amo, loca"
"Por ningún motivo te puedes morir, no me puedes dejar sola"
Así nos acostumbramos a hablar todas las noches, a veces por horas, quizá puras boludeces. Así nos acostumbramos a estar presente aunque estemos lejos. Con pequeños gestos. Me di cuenta que no estoy sola, que esta él, y que él comparte su soledad conmigo.
(Como agradezco que no hayas tenido peritonitis)
jueves, 14 de febrero de 2013
miércoles, 13 de febrero de 2013
Día uno
Un mensaje: aun no ha llegado.
Dos llamadas perdidas.
Una conversación: Ocho horas de viaje, medio libro, posible lluvia.
Un mensaje: El cielo es hermoso allá.
Uno de vuelta: Buenas noches.
Cómo se nota que no estás, aunque lleves solo un día fuera. Donde está mi psicólogo personal? en Reinaco -_- (es la IX Región, no la VIII xd)
Dos llamadas perdidas.
Una conversación: Ocho horas de viaje, medio libro, posible lluvia.
Un mensaje: El cielo es hermoso allá.
Uno de vuelta: Buenas noches.
Cómo se nota que no estás, aunque lleves solo un día fuera. Donde está mi psicólogo personal? en Reinaco -_- (es la IX Región, no la VIII xd)
Supuestos
- ¿Volverías? - fue lo primero que dijo luego de levantar la mirada del pasto con que jugaba bajo su cuerpo, mirándola, como ya extrañándola.
- No lo sé... quizás. - ambos guardaron silencio - volveré, a menos que haga una vida allá, una vida que obligue a quedarme. Volveré.- Su rostro se volvió a iluminar y a retomar el color de sus mejillas mientras ella continuaba.- Tengo mucho que hacer aquí- y miró el gran edificio que tenían en frente- sabes? me gustaría vivir aquí.- Él la miró extrañado mientras ella estaba concentradísima en los últimos pisos del edificio.
- Sí. Imagina venir acá todas las tardes, andar en bici, sentarse a leer, pasear al perro. Imagina vivir acá los atardeceres mientras lees un libro fabuloso y el viento te sopla en la cara.
- Cierto, no lo había pensado así, pero parece agradable.
- Siempre he pensado vivir acá mi joven adultez; cerca de todo, en medio de un pulmón en Santiago.
- Eso quiere decir que volverás- la miró esperanzado. Ella rió.
- Sí, volveré.
- No lo sé... quizás. - ambos guardaron silencio - volveré, a menos que haga una vida allá, una vida que obligue a quedarme. Volveré.- Su rostro se volvió a iluminar y a retomar el color de sus mejillas mientras ella continuaba.- Tengo mucho que hacer aquí- y miró el gran edificio que tenían en frente- sabes? me gustaría vivir aquí.- Él la miró extrañado mientras ella estaba concentradísima en los últimos pisos del edificio.
- Sí. Imagina venir acá todas las tardes, andar en bici, sentarse a leer, pasear al perro. Imagina vivir acá los atardeceres mientras lees un libro fabuloso y el viento te sopla en la cara.
- Cierto, no lo había pensado así, pero parece agradable.
- Siempre he pensado vivir acá mi joven adultez; cerca de todo, en medio de un pulmón en Santiago.
- Eso quiere decir que volverás- la miró esperanzado. Ella rió.
- Sí, volveré.
(así es como muere la imaginación)
Ella: Hermosa creación. Qué sería de nosotros sin ella Él: No lo sé, me es difícil imaginarlo, pues para imaginarlo debo crear una situación con esa condiciones así que aun habría imaginación.Ella: (risas) Suena lógico. Imaginar no tener imaginación, resulta imposible!Él: Yeap! pero aún así me pregunto qué sería de nosotros...Ella: Quedémonos solo con la pregunta y esperemos que no suceda.ÉL: Hagamos que no suceda.Ella: Y si no depende de nosotros? ... y si viene un monstruo gigante y nos lava el cerebro quitándonos la imaginación con su rasho laser?ÉL: Pues, pequeña bailarina: le doy la bienvenida a la resistencia del monstruo que vuela sobre nosotros y nos dispara con su rasho laser...Ella: La raja! siempre pensé que sería parte de la resistencia. Muere monstruo, pium! pium!Él: Eso! ahora recarga.Ella: Cuchuc (sonido)Él: Nunca te aparezcas sin la carga completa. Aprendes rápido! turun (sonido de logro desbloqueado).... Él: Esto no es un juego, ¿te imaginas si fallamos contra ese monstruo que nos lavan el cerebro y nos quitan la imaginación?Ella: Ese es el tema, lo es, porque nosotros ganaremos, somos más y mas fuertes. Disfrutemos el caminoÉl: En espíritu y en mente.Ella: Por supuesto, y eso, justamente eso, nos hará vencedores.Él: Pero no llegamos aquí por confiarnos sino por inspirar confianza por nuestros hechos.Ella: No digo que nos confiemos, digo que seamos nosotros y disfrutemos de nuestra lucha por retener nuestra imaginación y lograremos ganarle al monstruo.Él: Pues entonces en marcha. La gloria pide su sacrificio y aquí está nuestro sudor. Que nuestras espaldas sostengan a la humanidad y el brillo de la idea se reflejen en nuestros ojos y con ese fulgor quemar a los que nos nos lo quieren apagar.Ella: No, perdonémoslos, no saben lo que hacen solo perdieron su imaginación, no fueron tan fuertes para dar la batalla.
Él: Me acorde de algo... y esto es perfecto.; creo que esto termina de crear el averno de mi universo.Ella: Qué cosa?Él: Esto, un mundo donde no hay imaginación y todo lo dicho: el asalto.Ella: El arrebato... Crecer es ese monstruo de rasho laser, a mi parecer.Él: Crecer? por qué?Ella: Muchos adultos pierden su imaginación y se vuelven unos amargados, pierden ese niño, el niño que perdió ante el monstruo gigante de las responsabilidades, la rutina y el deber.Él: Quizás...crecer sea el factor de mas bajas. Solo que usualmente eso es más un sacrificio de ellos a su niño.Ella: Un sacrificio innecesario.Él: Pero aun así ellos sacrifican a su propio niño a los altares de este ser pues creen que eso les dará algo de "madurez" como suelen llamarlo.Ella: La madurez es una fantasía, es para frutas y verduras, la imaginación y la vitalidad te da madurez cuando la asumes como parte fundamental de la vida. No quiero crecer...Él: Crecerás...pero no en esa dirección pues necesitas alimentar a ese niño y hacerlo fuerteElla: Yo no puedo vivir sin ese niño, no solo porque considero que esa forma de crecer es abandonar la vida sino porque no soportaría tal decadencia, mi mente desesperada terminaría amenazando mi salud física hasta recuperarlo o morir.Él: Por eso tenemos que tener a ese niño fuerte para que no te abandone cuando seas tú quien no pueda más, él es tu apoyo, sé fuerte y mira adelante, necesito esos ojos que miren el cielo para saber que esta lucha hará que ese sol nos ilumine orgulloso....
Ella: Me gustó que comprendieras la batalla y no fueras como el común de todos que cree que estoy loca o hablo tonteras, me agrada encontrar personas con imaginación, me agrado encontrarte o que aparecieras o lo que haya pasado.Él: Bueno pequeña, me agrada que sucedan cosas así, y me agrada ser parte de esos sucesos. Gracias por estar aquí.
Él: Me acorde de algo... y esto es perfecto.; creo que esto termina de crear el averno de mi universo.Ella: Qué cosa?Él: Esto, un mundo donde no hay imaginación y todo lo dicho: el asalto.Ella: El arrebato... Crecer es ese monstruo de rasho laser, a mi parecer.Él: Crecer? por qué?Ella: Muchos adultos pierden su imaginación y se vuelven unos amargados, pierden ese niño, el niño que perdió ante el monstruo gigante de las responsabilidades, la rutina y el deber.Él: Quizás...crecer sea el factor de mas bajas. Solo que usualmente eso es más un sacrificio de ellos a su niño.Ella: Un sacrificio innecesario.Él: Pero aun así ellos sacrifican a su propio niño a los altares de este ser pues creen que eso les dará algo de "madurez" como suelen llamarlo.Ella: La madurez es una fantasía, es para frutas y verduras, la imaginación y la vitalidad te da madurez cuando la asumes como parte fundamental de la vida. No quiero crecer...Él: Crecerás...pero no en esa dirección pues necesitas alimentar a ese niño y hacerlo fuerteElla: Yo no puedo vivir sin ese niño, no solo porque considero que esa forma de crecer es abandonar la vida sino porque no soportaría tal decadencia, mi mente desesperada terminaría amenazando mi salud física hasta recuperarlo o morir.Él: Por eso tenemos que tener a ese niño fuerte para que no te abandone cuando seas tú quien no pueda más, él es tu apoyo, sé fuerte y mira adelante, necesito esos ojos que miren el cielo para saber que esta lucha hará que ese sol nos ilumine orgulloso....
Ella: Me gustó que comprendieras la batalla y no fueras como el común de todos que cree que estoy loca o hablo tonteras, me agrada encontrar personas con imaginación, me agrado encontrarte o que aparecieras o lo que haya pasado.Él: Bueno pequeña, me agrada que sucedan cosas así, y me agrada ser parte de esos sucesos. Gracias por estar aquí.
sábado, 9 de febrero de 2013
Locura
- ¿Sabes qué tenía ?
- ¿Qué?
- Es bipolar
- (síndrome maniaco-depresivo)
- Incluso estuvo internado.
Eso.. eso era lo que no querías decirme, lo que te aterraba que supiera. "Algo está mal en mi". Algo está mal en todos. Y todos tenemos tantas enfermedades psicológicas y nos aterra ser llamados locos, ¿por qué? si estamos todos locos.
"Algo tiene mi cerebro". Me asustabas, sabías? tanto como no me hubiese asustado saber que te habían internado, de todas formas ya sabía que estabas desquiciado. Y pensar que me es tan familiar. Tan maniaca, tan depresiva. Múltiples personalidades. Síndrome de personalidad anancastica. Me asusta ir al psicólogo, no quiero que me hallen más fallas, sus "fallas".
Quizá fue eso. Dos locos no se pueden querer, sería insostenible, al menos con dos locos del mismo tipo. Por eso, cuando uno quería algo el otro pensaba en todo lo contrario, y cuando el uno quería lo contrario el otro pensaba en lo primero. Y así los Beatles nos amparaban.
Extraña coincidencia: enterarme después de tantos años, justo en tu cumpleaños, a 21 años de ese 8 de febrero de 1992, ese año que me costó meses demostrar que no importaba.
Eso era después de todo. tu locura, tu paranoia, tu esquizofrenia. Fuimos demasiado enfermantemente parecidos, hasta en locura.
"No lo hagas, no estando tan inestable emocionalmente, por favor piénsalo", debería seguir ese consejo, el que te di ese día, porque te recordé con wish you where here este ocho de febrero mientras estaba justo donde te aconsejé no estar. Lo siento yo, lo necesitaba, salir de esta mierda un rato, pensar que algún dí su recuerdo sería como el tuyo: algo que viví, algo que amé, algo que sufrí y algo me hizo crecer, que sea, como tú ahora, un recuerdo, nada más que un recuerdo, de madurez. Y un día verlo, y no sentir absolutamente nada. Porque lo amo, y lo extraño, inmensa, profunda e inevitablemente lo amo.
Y basta, estoy muy arriba todavía.
- ¿Qué?
- Es bipolar
- (síndrome maniaco-depresivo)
- Incluso estuvo internado.
Eso.. eso era lo que no querías decirme, lo que te aterraba que supiera. "Algo está mal en mi". Algo está mal en todos. Y todos tenemos tantas enfermedades psicológicas y nos aterra ser llamados locos, ¿por qué? si estamos todos locos.
"Algo tiene mi cerebro". Me asustabas, sabías? tanto como no me hubiese asustado saber que te habían internado, de todas formas ya sabía que estabas desquiciado. Y pensar que me es tan familiar. Tan maniaca, tan depresiva. Múltiples personalidades. Síndrome de personalidad anancastica. Me asusta ir al psicólogo, no quiero que me hallen más fallas, sus "fallas".
Quizá fue eso. Dos locos no se pueden querer, sería insostenible, al menos con dos locos del mismo tipo. Por eso, cuando uno quería algo el otro pensaba en todo lo contrario, y cuando el uno quería lo contrario el otro pensaba en lo primero. Y así los Beatles nos amparaban.
Extraña coincidencia: enterarme después de tantos años, justo en tu cumpleaños, a 21 años de ese 8 de febrero de 1992, ese año que me costó meses demostrar que no importaba.
Eso era después de todo. tu locura, tu paranoia, tu esquizofrenia. Fuimos demasiado enfermantemente parecidos, hasta en locura.
"No lo hagas, no estando tan inestable emocionalmente, por favor piénsalo", debería seguir ese consejo, el que te di ese día, porque te recordé con wish you where here este ocho de febrero mientras estaba justo donde te aconsejé no estar. Lo siento yo, lo necesitaba, salir de esta mierda un rato, pensar que algún dí su recuerdo sería como el tuyo: algo que viví, algo que amé, algo que sufrí y algo me hizo crecer, que sea, como tú ahora, un recuerdo, nada más que un recuerdo, de madurez. Y un día verlo, y no sentir absolutamente nada. Porque lo amo, y lo extraño, inmensa, profunda e inevitablemente lo amo.
Y basta, estoy muy arriba todavía.
miércoles, 6 de febrero de 2013
Ha llegado carta
"Sé que no te gustan las flores aunque a mi parecer unas cuantas valdrían el sacrificio de sacarte un sonrisa. Pero no iré contra tus ideas, más bien te acompañaré en ellas, por eso las semillas. Son flores por nacer, yo te las entregué pero dependerá de ti plantarlas, esa será tu decisión, en el momento que creas indicado, mientras tanto esperaré el momento en que juntos las reguemos y veamos como florecen.
Sé que entenderás qué te quiero decir. Espero te haya gustado mi regalo.
Con amor. "
Unas cuantas lineas escritas en cursiva sobre un trozo de papel junto a unas cuantas semillas dentro de un sobre blanco tamaño oficio.
lunes, 4 de febrero de 2013
sábado, 2 de febrero de 2013
Ángeles
Ajenos y propios se asomaron por los escondrijos, se escabulleron entre quienes ya tenían su lugar, emplazándolos. Gota a gota contribuyeron a recuperar la flor marchita. Locos todos. Acompañaron los delirios, dieron respiros.
-(Cuán car'e raja puede ser una persona) Ya no quedan dolores ni lágrimas. Cualquier cosa se puede esperar-
Mas ahí están, mis ángeles, esos demonios. Rescatándome. A risas, filosofía, amor, locura y complicidad. Cada quién con uno. Logrando una sonrisa. Recuperando mis ideas. Regalándome autoestima. Devolviéndome mi locura. Tranquilizándome aunque no esté.
Webcam. Farol. Alejandra. Madrugada. Fito.
Me han levantado sin darse cuenta. Quienes casi desconozco, quien estimo, quien amo, quien admiro. Ahí están cada noche, con ideas y propuestas. Ellos, y unos cuantos esporádicos querubines, me devolverán poco a poco la sonrisa.
Tengo de vuelta mis sueños, con ellos haré alegría.
-(Cuán car'e raja puede ser una persona) Ya no quedan dolores ni lágrimas. Cualquier cosa se puede esperar-
Mas ahí están, mis ángeles, esos demonios. Rescatándome. A risas, filosofía, amor, locura y complicidad. Cada quién con uno. Logrando una sonrisa. Recuperando mis ideas. Regalándome autoestima. Devolviéndome mi locura. Tranquilizándome aunque no esté.
Webcam. Farol. Alejandra. Madrugada. Fito.
Me han levantado sin darse cuenta. Quienes casi desconozco, quien estimo, quien amo, quien admiro. Ahí están cada noche, con ideas y propuestas. Ellos, y unos cuantos esporádicos querubines, me devolverán poco a poco la sonrisa.
Tengo de vuelta mis sueños, con ellos haré alegría.
viernes, 1 de febrero de 2013
Giros
Sonaba giros, y yo en flor de loto, mientras un viejo amigo me contaba que había cambiado mi destino. Lograré mis sueños y proyectos. Estudiaré lejos. Viviré más.
Decisiones que dan drásticos giros a tu vida. No sé si realmente será así. Espero que lo sea. Vivir hasta cumplir mi cometido en la vida. Ser feliz. Después de todo, tiene lógica; antes él me bastaba; ahora necesito más. Hacer, construir, ayudar, viajar más. Ahora nada me basta. Ahora voy en busca de mi felicidad. Ahora tengo años -largos años- para escribir mi propio destino.
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