No he querido adivinar tus emociones, para variar tengo ese frío miedo al error que me recorre el cuerpo, por eso nunca escribiré asumiendote.
Ese día, tenía la gran esperanza de verte, añoraba tenerte cerca y así fue por suerte, allí me di cuenta lo que cuesta saludar como un amigo a quien ha sido mucho más que eso, pero con las horas el tiempo se nos hizo cómplice y nos favoreció con la noche. Allí después de pequeños vicios que tímido tomaste como si fueras un niño entrando en un mundo nuevo nos recostamos a ver el cielo, las estrellas otra vez nos observaban... constelaciones...
- Si no me equivoco ese Aries, es pequeña, casi ni se nota, solo se ven tres estrellas en forma de L con una más brillante que las otras...
- Igual es imperceptible, bien piola - dijiste completando lo que iba a decir - Verdad que eres Aries Gabriela! - dijiste recordándolo, o más bien haciendo como que lo habías olvidado.
- Si, soy Aries - conteste con una sonrisa
- Sabes... - dijiste de improviso - un día vi la compatibilidad de Aries y Cancer porque...
- Si sé, eres Cancer
- Bueno y ...
- Eres demasiado llorón y yo no lo soporto - conteste riéndome
- Exacto - dijiste con una hermosa sonrisa
Allí me recosté en tu pecho y disfrutamos del cielo nocturno, hablamos de futuro, de atrevimientos, de rebeldía y sentí como siempre ese orgullo en tus ojos al verme tan soñadora, son esos momentos en que pienso que no estoy tan mal.
- Claudio... te extrañé tanto - salió de mi como un ahogado que por fin encontraba aire, y solo pude acercarme y darte un beso.
Hacía frío, el viento soplaba y nos empujaba dentro de la casa, pero cuánto nos costó llegar a la puerta. Una estrella fugaz, un deseo. Cariños y besos infinitos. Siempre recordaré la fuerza y suavidad con que me tomabas de la cintura. La desesperación de tenerte cerca, de que el momento no acabara, de que no tuvieras que irte nuevamente. Creo que el mareo me dio la fuerza para decírtelo
- Te Amo... más de lo que crees y más de lo que yo quisiera...
- No creí que mi deseo se cumpliera tan rápido...
Esa noche fue maravillosa, como todas las que han sido contigo. Dormir a tu lado, entre tus caricias y obligados a estar tan juntos como queríamos. Espero pasar tantos días así como la vida nos haga posible y como soñamos una noche, y esa noche, en un departamento frente al parque Forestal, con vista a la cordillera, pasar la noche en vela y tú, recostado en mi regazo comienzas a quedarte dormido mientras vemos el amanecer.
J.
martes, 29 de noviembre de 2011
sábado, 26 de noviembre de 2011
domingo, 20 de noviembre de 2011
Escrito XLII
Cada semana, casi todos los días, se cruza en mi camino un árbol de flores violetas, más pequeño pero de las mismas flores que aquel día fue el más precioso regalo y vez que paso junto a él me regala una flor y con ello le doy una sonrisa, recordando esa hermosa noche de infinitas dos horas.
viernes, 18 de noviembre de 2011
Mi Nombre es Cecilia - Escrito XL part. 3
- Bueno, este es un procedimiento de rutina
Las peores palabras que puede escuchar de un oficial. Era un hombre grande, corpulento y a esto agrégale toda la protección y volumen de su equipo de trabajo, a pesar de tener el casco puesto se veían unos rulos negros de cabellos gruesos, tosco, moreno y de una voz muy grave, pero sin ese toque sexy de las voces masculinas, esta era grave de gravedad.
"Procedimiento de rutina" qué tan severo podría ser, en mí pensaba que preguntarían lo común: nombre, edad y ocupación, olvidaba que mi última detención había sido cuando aún se fingía una democracia.
- Acérquense de a uno, identifíquense y nombren la organización a la que pertenecen, están muy equivocados si creen que fueron detenidos al azar así que más les vale cooperar.
Estas palabras me helaron por completo. Qué podría hacer una madre con su hijo pequeño, un anciano, mi amiga... personas inocentes que solo se manifestaban, o que simplemente estuvieron en el momento y lugar equivocado. Entonces de a uno fueron pasando, al principio todos nos mirábamos unos a otros como diciendo quién se atreverá primero, quién estará libre de polvo y paja.
Una valiente, o ilusa se acercó al oficial, ella, la misma que levantaron del pelo, seguramente no temía qué le harían y ya estaba dispuesta a todo, cooperaría o pensaba que por ser sincera no recibiría castigo alguno.
- María Esperanza Fernandez, diecisiete años, Colectivo Molotov
- Muy bien señorita, estamos hablando el mismo idioma, puede bajar - sus palabras no sonaban tan graves como pensaba - en silencio - dijo después de unos segundos en son de amenaza
La jovencita bajo con la mirada puesta en el oficial y así fueron acercándose identificándose y bajando los demás detenidos.
- Víctor Gutierrez, diecinueve años, Colectivo Molotov
- Miguel Monsalves, diecinueve años, Colectivo Molotov
Ellos eran los otros dos encapuchados detenidos junto con nosotras
- Lamento decirles que deben entrar de todas formas a la comisaría- les aclaró el oficial mientras seguía el proceso irregular
- Gonzalo Tapia - se identificaba el anciano - sesenta y dos años, Ex frentista
Sabía que un pasado lleno de historias debía tener el hombre, para permanecer tan poco perturbado. El paco lo miró y sonrió tétricamente, el anciano le devolvió la sonrisa.
Luego vino la mujer con su hijo se identificaron ambos como Luisa Quiroz y Guillermo Espinoza, alumno de apoderada del Colegio Libertad de Cerro Navia, ellos no tenían arte ni parte en la mercocha. Y así sucesivamente, los estudiantes, los últimos jóvenes en ser detenidos, el fotógrafo perteneciente a una revista independiente y al final Camila y yo.
Temblorosa Cami traga saliva y dice:
- Camila Cornejos, diecinueve años, estudiante de ingeniería en la Universidad de Chile
El oficial la miró, me miró a mi y mientras le gritaba mentirosa la golpeo en la cara de revés con la superficie de la mano, tan fuerte fue que mi amiga casi se cae y el sonido se pudo haber escuchado perfectamente desde fuera junto con el grito.
- ¡¡¡No le peguí hijo de perra !!!- salio de mi como si nunca hubiese insultado a nadie, con la rabia de ver humillada a una amiga por un abusador.
- A ver defensora, identifíquese y aguante si fue tan cobarde de ser la última - decía con una risa malévola entre labios
- Primero pido tu identificación, es mi derecho, y su deber llevar consigo su identificación, cosa que no hace ( y que no se venía haciendo hace años)- Contesté enrabiada y con el orgullo herido porque se cierta forma tenía razón, me tomé mucho tiempo para saber qué decir.
- ¿Y todavía crees que tienes derechos?- dijo riéndose mientras volteaba a ver a sus compañeros de crueldades- ¡Esta niñita todavía cree que tiene derechos!- terminaba de decir cuando con una luma siento el calor de un golpe lleno de disfrute en la espalda - ¡Identificare mierda!
Me levante humillada y contesté
- Tamara Correa, veintiún años, estudiante de medicina en la Universidad de Chile.
Me miró fijamente por unos segundos hasta que volteo la cabeza e hizo un gesto a una perra que estaba a sus espaldas, esta le llevó un papel que hasta hoy no sé que fue, supongo que alguna foto o algo por el estilo.
- Bájense ambas y calladitas - era claramente una amenaza.
Las peores palabras que puede escuchar de un oficial. Era un hombre grande, corpulento y a esto agrégale toda la protección y volumen de su equipo de trabajo, a pesar de tener el casco puesto se veían unos rulos negros de cabellos gruesos, tosco, moreno y de una voz muy grave, pero sin ese toque sexy de las voces masculinas, esta era grave de gravedad.
"Procedimiento de rutina" qué tan severo podría ser, en mí pensaba que preguntarían lo común: nombre, edad y ocupación, olvidaba que mi última detención había sido cuando aún se fingía una democracia.
- Acérquense de a uno, identifíquense y nombren la organización a la que pertenecen, están muy equivocados si creen que fueron detenidos al azar así que más les vale cooperar.
Estas palabras me helaron por completo. Qué podría hacer una madre con su hijo pequeño, un anciano, mi amiga... personas inocentes que solo se manifestaban, o que simplemente estuvieron en el momento y lugar equivocado. Entonces de a uno fueron pasando, al principio todos nos mirábamos unos a otros como diciendo quién se atreverá primero, quién estará libre de polvo y paja.
Una valiente, o ilusa se acercó al oficial, ella, la misma que levantaron del pelo, seguramente no temía qué le harían y ya estaba dispuesta a todo, cooperaría o pensaba que por ser sincera no recibiría castigo alguno.
- María Esperanza Fernandez, diecisiete años, Colectivo Molotov
- Muy bien señorita, estamos hablando el mismo idioma, puede bajar - sus palabras no sonaban tan graves como pensaba - en silencio - dijo después de unos segundos en son de amenaza
La jovencita bajo con la mirada puesta en el oficial y así fueron acercándose identificándose y bajando los demás detenidos.
- Víctor Gutierrez, diecinueve años, Colectivo Molotov
- Miguel Monsalves, diecinueve años, Colectivo Molotov
Ellos eran los otros dos encapuchados detenidos junto con nosotras
- Lamento decirles que deben entrar de todas formas a la comisaría- les aclaró el oficial mientras seguía el proceso irregular
- Gonzalo Tapia - se identificaba el anciano - sesenta y dos años, Ex frentista
Sabía que un pasado lleno de historias debía tener el hombre, para permanecer tan poco perturbado. El paco lo miró y sonrió tétricamente, el anciano le devolvió la sonrisa.
Luego vino la mujer con su hijo se identificaron ambos como Luisa Quiroz y Guillermo Espinoza, alumno de apoderada del Colegio Libertad de Cerro Navia, ellos no tenían arte ni parte en la mercocha. Y así sucesivamente, los estudiantes, los últimos jóvenes en ser detenidos, el fotógrafo perteneciente a una revista independiente y al final Camila y yo.
Temblorosa Cami traga saliva y dice:
- Camila Cornejos, diecinueve años, estudiante de ingeniería en la Universidad de Chile
El oficial la miró, me miró a mi y mientras le gritaba mentirosa la golpeo en la cara de revés con la superficie de la mano, tan fuerte fue que mi amiga casi se cae y el sonido se pudo haber escuchado perfectamente desde fuera junto con el grito.
- ¡¡¡No le peguí hijo de perra !!!- salio de mi como si nunca hubiese insultado a nadie, con la rabia de ver humillada a una amiga por un abusador.
- A ver defensora, identifíquese y aguante si fue tan cobarde de ser la última - decía con una risa malévola entre labios
- Primero pido tu identificación, es mi derecho, y su deber llevar consigo su identificación, cosa que no hace ( y que no se venía haciendo hace años)- Contesté enrabiada y con el orgullo herido porque se cierta forma tenía razón, me tomé mucho tiempo para saber qué decir.
- ¿Y todavía crees que tienes derechos?- dijo riéndose mientras volteaba a ver a sus compañeros de crueldades- ¡Esta niñita todavía cree que tiene derechos!- terminaba de decir cuando con una luma siento el calor de un golpe lleno de disfrute en la espalda - ¡Identificare mierda!
Me levante humillada y contesté
- Tamara Correa, veintiún años, estudiante de medicina en la Universidad de Chile.
Me miró fijamente por unos segundos hasta que volteo la cabeza e hizo un gesto a una perra que estaba a sus espaldas, esta le llevó un papel que hasta hoy no sé que fue, supongo que alguna foto o algo por el estilo.
- Bájense ambas y calladitas - era claramente una amenaza.
Escrito XLI - Carpe Noctem
Luego de una tarde de risas caminamos entre parques esperando la noche, vimos atardecer en cada paso mientras visitábamos los lugares de una película pensando en la pena de nuestras vidas, no recuerdo que haya pasado tanto tiempo, pero todos saben que cuando más disfrutas menos lo percibes. Así llego el momento que esperábamos. Las luces de la pileta le daban un toque mágico a los chorros que dibujaban figuras abstractas a gran altura y sin quererlo estuvimos solos en un costado mientras el otro se llenaba de personas. Ahí quedamos idiotizados e hipnotizados mirando algo tan simple y bello a la vez.
Ahí estuvimos, uno junto al otro, ni tan cerca ni tan lejos pero siempre juntos cuando como por una señal del destino cae entre nosotros una flor violeta, como si algo nos quisiera decir la vida. El viento se hacía helado y la noche se nos venía en cima definitivamente. Veíamos el pequeño espectáculo acuático cuando se interrumpe la paz, allí confirme que la tecnología está de sobra, aunque más tarde fue de ayuda. Mientras hablabas sabíamos que se nos hacía tarde, pero el tiempo y las quejas se fueron al demonio por disfrutar del día y ambos decidimos que no importaba nada más que este momento. Un impulso no muy recurrente vino a mi, me recosté en tus piernas alucinando con los colores de la pileta e inconscientemente esperando una respuesta tuya
- ¿Qué haces?
- Ya verás
Y así, tu celular en mi pecho comenzó a tocar El reino de tiempo, disfrutamos de las más dulces melodías y poco a poco el tiempo se hacía eterno... entre la danza de las libélulas, ventanas, bufones y cafés acariciabas mi pelo dulcemente, y confieso: me parecía un sueño. Cantando canciones llenas de magia, melancolía y cierto romanticismo, Manuel García colaboraba con armonía. Jugueteaban las manos, reíamos de vez en cuando, veíamos las luces, me molestabas al cantar... pero todo eso lo hacía perfecto y mientras los juegos seguían hemos vuelto una vez tercera a presenciar en reino del tiempo, de a poco te acercas o te acerco, aún no lo tengo claro, no se si lo esperabas, yo no, pero creo que lo deseaba... Hemos vuelto a recordar esos días de verano en donde el tiempo no existía y el otro era todo en el mundo por ese instante. ¿Cuántas veces la vida te puede dar el regalo de detener el mundo, de sentir que flotas... de estar sobre una nube? No sé cuántas y no me interesa saber si tendré más, solo sé que disfrute ese momento como pocas veces he disfrutado algo, te has encargado de hacer que cada instante juntos parezca ficticio solo por lo increíblemente perfecto, por eso aprovecharé todos y cada uno de los segundos que el destino nos permita vivir uno junto al otro. Aunque estemos a kilómetros de distancia sabemos estar muy cerca estando muy lejos, por eso todas las noches espero una nueva luz de amanecer...
J.
Ahí estuvimos, uno junto al otro, ni tan cerca ni tan lejos pero siempre juntos cuando como por una señal del destino cae entre nosotros una flor violeta, como si algo nos quisiera decir la vida. El viento se hacía helado y la noche se nos venía en cima definitivamente. Veíamos el pequeño espectáculo acuático cuando se interrumpe la paz, allí confirme que la tecnología está de sobra, aunque más tarde fue de ayuda. Mientras hablabas sabíamos que se nos hacía tarde, pero el tiempo y las quejas se fueron al demonio por disfrutar del día y ambos decidimos que no importaba nada más que este momento. Un impulso no muy recurrente vino a mi, me recosté en tus piernas alucinando con los colores de la pileta e inconscientemente esperando una respuesta tuya
- ¿Qué haces?
- Ya verás
Y así, tu celular en mi pecho comenzó a tocar El reino de tiempo, disfrutamos de las más dulces melodías y poco a poco el tiempo se hacía eterno... entre la danza de las libélulas, ventanas, bufones y cafés acariciabas mi pelo dulcemente, y confieso: me parecía un sueño. Cantando canciones llenas de magia, melancolía y cierto romanticismo, Manuel García colaboraba con armonía. Jugueteaban las manos, reíamos de vez en cuando, veíamos las luces, me molestabas al cantar... pero todo eso lo hacía perfecto y mientras los juegos seguían hemos vuelto una vez tercera a presenciar en reino del tiempo, de a poco te acercas o te acerco, aún no lo tengo claro, no se si lo esperabas, yo no, pero creo que lo deseaba... Hemos vuelto a recordar esos días de verano en donde el tiempo no existía y el otro era todo en el mundo por ese instante. ¿Cuántas veces la vida te puede dar el regalo de detener el mundo, de sentir que flotas... de estar sobre una nube? No sé cuántas y no me interesa saber si tendré más, solo sé que disfrute ese momento como pocas veces he disfrutado algo, te has encargado de hacer que cada instante juntos parezca ficticio solo por lo increíblemente perfecto, por eso aprovecharé todos y cada uno de los segundos que el destino nos permita vivir uno junto al otro. Aunque estemos a kilómetros de distancia sabemos estar muy cerca estando muy lejos, por eso todas las noches espero una nueva luz de amanecer...
J.
lunes, 14 de noviembre de 2011
Escrito XL - Mi nombre es Cecilia part.2
No recuerdo mucho de ese tramo de la historia, solo sé que estaba muy mareada y demasiado preocupada por mi amiga, tanto que casi no sentía los golpes. Por lo que recuerdo sucedió así: estábamos los seis rebeldes tendidos en el suelo, uno tuvo que sacarse el pañuelo solo para vomitar, así de fuertes estaban los químicos, la Cami se desmayó y los otros tres tratábamos a como diera lugar de respirar, en eso llegan muchos más "amiguitos" de los que creí, sentí dos manos firmes que me tomaban de cada brazo mientras avanzaban conmigo arrastras de espalda, veía como recogían a los demás como si fuesen cosas, tenía medio cuerpo en el aire y las piernas arrastrando, parecía que me estrangularan los brazos con sus manos gigantes que abarcaban del codo a la axila, ya no los sentía, como si no los tuviera; a uno de los tipos que cayó conmigo lo tomaron entre cuatro, uno de cada extremidad mientras su cabeza caía hacia atrás, otro de ellos intentó arrancar levantándose a penas, obviamente no pudo, el que vomitaba recibió una dura patada en el costado izquierdo, justo en las costillas, mientras estaba hincado,fue tan fuerte que lo botó y cayó casi en la misma posición, la encapuchada recibió la peor parte de lo que vi, una perra la tiro de su largo cabello para levantarla, mientras gritaba dos más llegaron a tomarla de las muñecas, Cami al menos no fue violentada...tanto, como estaba desmayada una tortuga la tomo en brazos y así,mientras uno quedaba en el piso, una caminando, una en brazos, otro colgando, uno a palos y yo arrastrando fuimos llevados a la micro, poco recuerdo de lo que sentí, y no distingo qué moretones son de ese momento y no de los otros...
Ya arriba cobré un poco la razón, habían unas cinco personas además de nosotros, todos en diferentes condiciones. Me acuerdo muy bien de un fotógrafo, que con los ojos hinchados trataba de esconder su cámara, que por lo demás se veía bastante costosa. Allí, congregados unas diez personas victimas de los abusos y la fuerza desmedida, otros no tan víctimas, ya que solo por defensa se han vuelto victimarios a la luz pública que muestra consecuencias y no razones, además de criminalizar todo lo que dicen y no conviene que se diga. No sé cuanto tiempo estuvimos allí, recuerdo haberme acercado a la Camila para ver cómo estaba, tenía unos rasmillones en los codos y uno en la frente, por lo demás no se veía tan mal, eso me tranquilizó un poco, después de eso todo se fue a negro hasta que un fuerte golpe en la nuca me despertó
- No estás aquí para dormir pendejita
Escuche teniendo aún la vista nubosa, cuando por fin abrí los ojos vi a la novata de mi amiga con su cara de ternura
- ¿Estás bien? - dijo bastante angustiada
- Si no te preocupes, no es nada grave, ¿cómo estás?- le contesté a sus incertidumbres
- ¿Cómo llegamos aquí?
- Basta, tampoco están para conversar, no las trajimos aquí a hacer vida social - interrumpió una voz masculina muy severa - y si está aquí es por dárselas de justiciera, más bien de delincuente.
En ese momento subieron a dos personas más, bastante jóvenes, uno gritaba "¡Libertad!" hacía afuera resistiendo la detención, otra lloraba pero no de pena, en su rostro se veía una frustración tremenda y sus ojos estaban llenos de rabia. En ese momento fue cuando me dediqué a observar quienes estaban a mi alrededor: Camila, por su puesto, estos dos nuevos jóvenes, tres de los cuatro capuchas con los que fuimos detenidas, el fotógrafo, dos pingüinos cuyas insignias me recordaron mi eterna adolescencia, un hombre de unos cincuenta años con una calma admirable, unos ojos perdidos en el qué pasará aunque por su tranquilidad podría asegurar que sus vivencias se lo advertían claramente, y una mujer, clase media, pelo castaño, rostro esperanzador pero lleno de desesperación, estaba con un niño de unos doce años, parecía ser su hijo por como lo protegía.
Después de eso la micro partió, sin tener la más mínima idea de donde iríamos. En un momento se detienen, allí comenzó de nuevo....
Ya arriba cobré un poco la razón, habían unas cinco personas además de nosotros, todos en diferentes condiciones. Me acuerdo muy bien de un fotógrafo, que con los ojos hinchados trataba de esconder su cámara, que por lo demás se veía bastante costosa. Allí, congregados unas diez personas victimas de los abusos y la fuerza desmedida, otros no tan víctimas, ya que solo por defensa se han vuelto victimarios a la luz pública que muestra consecuencias y no razones, además de criminalizar todo lo que dicen y no conviene que se diga. No sé cuanto tiempo estuvimos allí, recuerdo haberme acercado a la Camila para ver cómo estaba, tenía unos rasmillones en los codos y uno en la frente, por lo demás no se veía tan mal, eso me tranquilizó un poco, después de eso todo se fue a negro hasta que un fuerte golpe en la nuca me despertó
- No estás aquí para dormir pendejita
Escuche teniendo aún la vista nubosa, cuando por fin abrí los ojos vi a la novata de mi amiga con su cara de ternura
- ¿Estás bien? - dijo bastante angustiada
- Si no te preocupes, no es nada grave, ¿cómo estás?- le contesté a sus incertidumbres
- ¿Cómo llegamos aquí?
- Basta, tampoco están para conversar, no las trajimos aquí a hacer vida social - interrumpió una voz masculina muy severa - y si está aquí es por dárselas de justiciera, más bien de delincuente.
En ese momento subieron a dos personas más, bastante jóvenes, uno gritaba "¡Libertad!" hacía afuera resistiendo la detención, otra lloraba pero no de pena, en su rostro se veía una frustración tremenda y sus ojos estaban llenos de rabia. En ese momento fue cuando me dediqué a observar quienes estaban a mi alrededor: Camila, por su puesto, estos dos nuevos jóvenes, tres de los cuatro capuchas con los que fuimos detenidas, el fotógrafo, dos pingüinos cuyas insignias me recordaron mi eterna adolescencia, un hombre de unos cincuenta años con una calma admirable, unos ojos perdidos en el qué pasará aunque por su tranquilidad podría asegurar que sus vivencias se lo advertían claramente, y una mujer, clase media, pelo castaño, rostro esperanzador pero lleno de desesperación, estaba con un niño de unos doce años, parecía ser su hijo por como lo protegía.
Después de eso la micro partió, sin tener la más mínima idea de donde iríamos. En un momento se detienen, allí comenzó de nuevo....
viernes, 11 de noviembre de 2011
Mi nombre es Cecilia - Escrito XL part. 1
Llevábamos unas 3 horas caminando, no se veía ni el principio ni el final, si ganabas altura solo podías ver un montón de lienzos de distintas organizaciones, colectivos, partidos y consignas. A los costados hombres y mujeres reforzados por montón, ese característico verde tan detestado por su agresividad, escudados por enormes vehículos cuya única función es evitar la paz con que nos movemos. A lo lejos ya se veía la Moneda y las miles de personas que pasábamos fuera de ella con la esperanza de que volviera a ser nuestra algún día. Primer día de paro nacional, la gente hace unos meses comienza a levantarse ante la desconformidad y con ello las principales ciudades del país recordaban los peores años del mismo, esa época en donde, para personas como yo, el solo transitar ya era un delito, mi Santiago tan querido y odiado volvía a encontrarse sitiado, bajo ninguna legalidad y simulando seguridad interna volvían esos días que parecían noches oscuras pero entre tanto despreciable actuar miles de personas demostrábamos que hoy no es como antes, ya no nos pueden callar. A unas dos cuadras de Los Héroes ya se respira ese aire saturado, por el frente humo blanco, todos ya teníamos claro qué comenzaba, retrocede: detrás más humo, el aire colapsaba y tu única defensa unos limones y un pañuelo, algunos con mascarilla, no era mi caso ni el de Camila, mi amiga. El carro lanza aguas venía en forma de lluvia, ahora correr es la única opción, el ácido que mezclan dañan la piel, te hacen heridas y te quema, salir mojado no es nada, pero al ácido se le respeta. A nuestro al rededor volaban piedras y bombas lagrimogenas , unas contra otras, pero Camila no es así, su primera movilización no podía involucrar pelea. Correr al lugar más cercano. Las calles cortadas, no había visibilidad alguna, personas tropezándose, corriendo y tras ellas pacos con el solo objetivo de tomar una presa para su macabra entretención. En nuestro camino un laberinto sería poco y en él el deseo de salir salvas, mi deseo de que se salvara ella, que temblaba de pavor
- Corre, no mires atrás - le decía mientras corríamos y miraba a nuestras espaldas.
Cuando voltee no me quedó más que parar en seco: dos pacos, una mina y muchos golpes, al costado materiales de la construcción cercana, no me podía quedar así. Una firme tabla, dos golpes y una mujer violentada pero rescatada. Nos persiguieron luego de su corta recuperación mientras de un solo grito llamaron a tres verdes que estaban cerca, por suerte las calles de Santiago son bastantes conocidas, sobre todo ese sector y después de un zig zag no nos podíamos confiar, siete metros de muro de dos metros de alto. Comprobé que dos mujeres en peligro son tan fieras, rápidas y astutas como felinas en la sabana aunque no acostumbraran a estos trotes. Edificio de oficinas, quedaba salir saltando el muro contrario, corriendo casi toda una cuadra tratando de no ser descubierta la extraña tropieza, en realidad no, un golpe de balín hacía sangrar su rodilla y la guerrillera ya no podía caminar, en ese momento supe lo fuerte que es la espalda de una atrevida. Sin moros en la costa pasamos por una esquina donde el muro estaba roto y lo tapaban con alambres, frente la Universidad de Chile, nunca corrí tan rápido en mi vida. Por la puerta lateral entramos a la desconocida, cuando desde la Alameda cinco desagradables personajes sin identificación, al igual que los demás, venían hacia nosotros con tal de tomar a todos los entrantes
- Camila, entra y cuidala
- ¿ Y tú?
- Cierra la puerta mierda, yo entretengo a estos hueones
Cerré el portón de un portazo, ya tenían bastante información mía, varias fotos y videos de otras ocasiones similares, cubrirse el rostro es una acción de rutina, sino se vuelve personal. A mi lado 4 capuchas, entre ellos una mina. En mi mochila tres botellas de un hermoso amarillo chillón bastante decorativo. El aire más asfixiante y menos visible, nunca habían estado tan fuertes. Tres cuadras hacia el sur, a tres metros dos bombas: una de ruido y otra lagrimogena, la primera me impidió poder patear la segunda
- Estos hijos de puta saben perfectamente qué hacer
Solo pude caer al suelo, hubiese podido jurar que mis oídos sangraban y mis ojos también, los capuchas a mi lado estaban igual que yo, entre ellos distinguí una figura demasiado inocente para estos pasares e inconsciente en medio de la calle: era la Cami
Pero era tarde, ya venían los de verde, y ninguno de nosotros se podía levantar...
- Corre, no mires atrás - le decía mientras corríamos y miraba a nuestras espaldas.
Cuando voltee no me quedó más que parar en seco: dos pacos, una mina y muchos golpes, al costado materiales de la construcción cercana, no me podía quedar así. Una firme tabla, dos golpes y una mujer violentada pero rescatada. Nos persiguieron luego de su corta recuperación mientras de un solo grito llamaron a tres verdes que estaban cerca, por suerte las calles de Santiago son bastantes conocidas, sobre todo ese sector y después de un zig zag no nos podíamos confiar, siete metros de muro de dos metros de alto. Comprobé que dos mujeres en peligro son tan fieras, rápidas y astutas como felinas en la sabana aunque no acostumbraran a estos trotes. Edificio de oficinas, quedaba salir saltando el muro contrario, corriendo casi toda una cuadra tratando de no ser descubierta la extraña tropieza, en realidad no, un golpe de balín hacía sangrar su rodilla y la guerrillera ya no podía caminar, en ese momento supe lo fuerte que es la espalda de una atrevida. Sin moros en la costa pasamos por una esquina donde el muro estaba roto y lo tapaban con alambres, frente la Universidad de Chile, nunca corrí tan rápido en mi vida. Por la puerta lateral entramos a la desconocida, cuando desde la Alameda cinco desagradables personajes sin identificación, al igual que los demás, venían hacia nosotros con tal de tomar a todos los entrantes
- Camila, entra y cuidala
- ¿ Y tú?
- Cierra la puerta mierda, yo entretengo a estos hueones
Cerré el portón de un portazo, ya tenían bastante información mía, varias fotos y videos de otras ocasiones similares, cubrirse el rostro es una acción de rutina, sino se vuelve personal. A mi lado 4 capuchas, entre ellos una mina. En mi mochila tres botellas de un hermoso amarillo chillón bastante decorativo. El aire más asfixiante y menos visible, nunca habían estado tan fuertes. Tres cuadras hacia el sur, a tres metros dos bombas: una de ruido y otra lagrimogena, la primera me impidió poder patear la segunda
- Estos hijos de puta saben perfectamente qué hacer
Solo pude caer al suelo, hubiese podido jurar que mis oídos sangraban y mis ojos también, los capuchas a mi lado estaban igual que yo, entre ellos distinguí una figura demasiado inocente para estos pasares e inconsciente en medio de la calle: era la Cami
Pero era tarde, ya venían los de verde, y ninguno de nosotros se podía levantar...
Después de un jamás - Escrito XXXIX
Hay cosas que simplemente pasan en tu vida y se van, otras que vienen con intenciones de quedarse y las dejas ir o tú mismo las haces alejarse, quizá después te arrepientas, quizá veas esa hoja que no atajaste muy lejos de ti, esa estrella que dejaste pasar sin pedir el deseo, y te lamentas y ves todo un pasado inexistente que pudo haber sido tuyo y pudo haber sido un para siempre. Pero no lo fue, y lamentarse no sirve de nada. La vida pasa minuto a minuto con millones de cosas, momentos, personas y oportunidades delante de ti y mantenerse en el pasado solo hará que las pierdas. Puede que vuelvas a ver esa hoja y veas cayendo esa estrella y si la ves solo debes hacer una cosa: sonreír, la vida es más sabia de lo que uno cree y nuestras decisiones forjan un destino lleno de ires y venires, no sabes cuántas vueltas puede dar el pañuelo así que solo sonríe, rescata las enseñanzas y disfruta la felicidad de los que dejaste pasar, pues sin sufrir no disfrutas la alegría posterior.
El silencio y la soledad son grandes consejeros. No andes día a día pensando minuciosamente qué debes hacer, que debes tomar como una oportunidad, sé tú y ellas se te acercarán solas y siendo tú mismo las tomarás sin darte cuenta. Por eso vive intensamente, ama como si no hubiese un mañana y goza como si después existiese solo sufrimiento.
El silencio y la soledad son grandes consejeros. No andes día a día pensando minuciosamente qué debes hacer, que debes tomar como una oportunidad, sé tú y ellas se te acercarán solas y siendo tú mismo las tomarás sin darte cuenta. Por eso vive intensamente, ama como si no hubiese un mañana y goza como si después existiese solo sufrimiento.
jueves, 10 de noviembre de 2011
Escrito XXXVIII
En un cálido día de Febrero un pequeño niño elevaba un cometa. En el amplio parque corría un viento de aquellos: difícil, inconstante, todo un desafío para el pequeño. El viento movía el cometa de un lado a otro y esté se deslizaba gracioso por el inmenso cielo. Aunque el niño no sabía hacia donde iría el volantín, sabía como seguiría con el juego, lo tiraba hacia él pero seguía libre, tenía más libertad pero se acercaba por voluntad propia y así un juego de tira y afloja muy típico de nosotros en donde el hilo era todo lo que los unía y aún así era muy ínfimo para describir esa unión. Un juego, una entretención, un pasatiempo, algo que simplemente lo hacía sentir bien, era mucho más que eso, aunque en principio no se convencía de ello. Pero todo juego termina en algún momento. Caída la noche recibe el llamado de su madre, y en su distracción el diminuto hilo se cortó y el cometa voló sin tapujos lejos de él. Era solo un volantín, en cualquier momento conseguiría otro, el niño vio como se iba entre las nubes y volteó para irse a su casa. El juego no terminaba solo cambio de volantín, pero en esos días de viento inquieto e intrépido, cuando dejó de lado todo juego, recordaba y deseaba que el viento lo trajera de vuelta a casa y que ese hilo nunca se hubiese cortado.
martes, 8 de noviembre de 2011
Escrito XXXVII (creo que dejaré de ocupar nº romanos)
Estaban allí, frente a frente, por fin después de tantos años, recostados uno al lado del otro, mirandose a los ojos con la ternura de dos adolescentes creyendose enamorados. Sus pieles ya no eran las de antaño, la experiencia había pasado por sus cabellos y los amores le habían quitado la pureza a sus cuerpos mas no a sus corazones, por primera vez no importaba nada: ni lo que dijera el padre, ni el difunto esposo, ni el buen pasar, ni la opinión de los hijos. Por fin eran solo ellos, recostados uno al lado del otro...
"Pensar que viví, sufrí y gocé. Pensar que fui inmensamente feliz con el hombre que amaba, forme una hermosa familia y llegue a confundir estabilidad con amor como en todo matrimonio, pero lo amaba... y fui feliz...
A pesar de eso, el primer amor siempre es el primer amor, y se quedará contigo en el más fiel recuerdo, sea decepción, amargura o dicha, él permanecerá, si se le menciona se le defenderá y siempre algo lo traerá de vuelta a tu mente, porque fue el primero siempre será el eterno... y sí, lo dije y lo vuelvo a decir: fui inmensamente feliz con el hombre que amaba pero no con mi primer amor"
"¿Cuántas mujeres pueden pasar por tus historias sin borrar tus memorias? - Todas- tus manos han acariciado uno y mil cuerpos extraños, conocidos sus detalles y sus formas, tus labios han besado cientos de labios apasionados, tiernos, románticos, infieles, desesperados y has estrechado innumerables siluetas en tus brazos, has disfrutado de los más grandes placeres, has olvidado por horas el resto del mundo para centrarte en el acto principal dejando atrás el escenario y las antiguas escenas. Pero cada noche de soledad, aquellas pocas noches de soledad se viene el recuerdo de la única persona que tendrá aquel lugar único en tú vida, la persona por la que te haz mantenido virgen y no por quererlo así, sino porque no has podido amar a otra de esa forma, porque es única, es la primera..."
- ¿Cuanto tiempo nos quedaremos así?
- Para siempre...
- ¿Cuánto es para siempre?
- Toda la vida...
"Pensar que viví, sufrí y gocé. Pensar que fui inmensamente feliz con el hombre que amaba, forme una hermosa familia y llegue a confundir estabilidad con amor como en todo matrimonio, pero lo amaba... y fui feliz...
A pesar de eso, el primer amor siempre es el primer amor, y se quedará contigo en el más fiel recuerdo, sea decepción, amargura o dicha, él permanecerá, si se le menciona se le defenderá y siempre algo lo traerá de vuelta a tu mente, porque fue el primero siempre será el eterno... y sí, lo dije y lo vuelvo a decir: fui inmensamente feliz con el hombre que amaba pero no con mi primer amor"
"¿Cuántas mujeres pueden pasar por tus historias sin borrar tus memorias? - Todas- tus manos han acariciado uno y mil cuerpos extraños, conocidos sus detalles y sus formas, tus labios han besado cientos de labios apasionados, tiernos, románticos, infieles, desesperados y has estrechado innumerables siluetas en tus brazos, has disfrutado de los más grandes placeres, has olvidado por horas el resto del mundo para centrarte en el acto principal dejando atrás el escenario y las antiguas escenas. Pero cada noche de soledad, aquellas pocas noches de soledad se viene el recuerdo de la única persona que tendrá aquel lugar único en tú vida, la persona por la que te haz mantenido virgen y no por quererlo así, sino porque no has podido amar a otra de esa forma, porque es única, es la primera..."
- ¿Cuanto tiempo nos quedaremos así?
- Para siempre...
- ¿Cuánto es para siempre?
- Toda la vida...
martes, 1 de noviembre de 2011
Escrito XXXVI
Hoy estuve en el paraíso. Camine por donde parecía no tener final, frente a mi, al costado derecho el sol anunciaba su retiro y en mi mente y a viva voz sonaba "Al final de este viaje", una postal preciosa. Rodeaba el verde pasto, palmeras y flores marcaban la senda, al fondo una laguna con una bella cascada y en ella pececitos de colores adornaban las aguas. Si, era el paraíso. En mi soledad un paraíso incompleto. Fue inevitable caminar entre los arboles, feliz de la dicha de sentir un lugar tan ideal, tan propio, tan libre, y sentir tu mano estrechando la mía, aunque no estuvieras ahí y pensé "sentirá en este momento mi mano tomando la suya", quién sabe si en algún lugar muy lejos de mi pensó en tenerme a su lado tal como lo quise yo en ese momento. Sentir luego su abrazo firme y tierno al rededor de mi cuello mientras veía de la casita de madera caer el agua de la cascada, su mentón en mi hombro un suave beso en la mejilla. A lo lejos se oía mi nombre, pensé que eras tú, hasta que noté un tono agudo y severo, mi hermano me llamaba, pasé mucho tiempo soñando. Se terminó la fantasía, el paraíso tiene su final.
Escrito XXXV
Una vez me dijeron "no te encierres en ti misma", confieso que esa simple frase me dejó helada y pensativa por fracciones de segundo, mi inmediata reacción fue totalmente a la defensiva. Si, él me quiere, se preocupa por mi, por mi bienestar; él quiere conocerme y yo no lo he dejado, pero tampoco puede forzarme a confiar en él, a mostrarle lo que pocos conocen solo por sentirse con el derecho de conocerlo. Una vez le dije "que me quieras no significa que te pertenezca" y así es, y así será siempre, con todos. Ahora bien, esa pequeña frase no deja de ser verdadera, no deja de mantenerme helada. "No te encierres en ti misma", cuesta... ¿cuánto llevo encerrada en mi misma? toda mi vida quizá... si, toda mi vida, cortos y eternos 16 años encerrada en un cuerpo que sufre las consecuencias de una mente y un alma cansada. Recuerdo alguna vez en que fui yo. Si una vez fui completamente yo, o eso creo, esa linda etapa en donde comenzaba a descubrirme, donde gracias a ese corto periodo de tiempo empece a saber cómo era yo misma, a conocerme, definirme, creo que después de ese tiempo me he podido describir de verdad. Aún así nada evitó que siguiera dentro de mi, peor aún, todo lo que descubrí fue enviado de golpe al fondo de mis emociones dejándolas cautivas de las heridas que han tardado en sanar y han cicatrizado lentamente pero tan firme que para salir tendré que resultar herida nuevamente. Espero que esas heridas no sean de las que hayan que cerrar, sino de esas que con orgullo se muestran diciendo "ahora soy más fuerte... y más feliz, vivo expuesta, se ve la carne viva pero hay alguien que me protege y las cura día a día y no las dañará por nada en el mundo..." difícil que llegue ese día, difícil que pueda vivir así, con ese nivel de confianza. La sangre ya está coagulada.
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