Luego de una tarde de risas caminamos entre parques esperando la noche, vimos atardecer en cada paso mientras visitábamos los lugares de una película pensando en la pena de nuestras vidas, no recuerdo que haya pasado tanto tiempo, pero todos saben que cuando más disfrutas menos lo percibes. Así llego el momento que esperábamos. Las luces de la pileta le daban un toque mágico a los chorros que dibujaban figuras abstractas a gran altura y sin quererlo estuvimos solos en un costado mientras el otro se llenaba de personas. Ahí quedamos idiotizados e hipnotizados mirando algo tan simple y bello a la vez.
Ahí estuvimos, uno junto al otro, ni tan cerca ni tan lejos pero siempre juntos cuando como por una señal del destino cae entre nosotros una flor violeta, como si algo nos quisiera decir la vida. El viento se hacía helado y la noche se nos venía en cima definitivamente. Veíamos el pequeño espectáculo acuático cuando se interrumpe la paz, allí confirme que la tecnología está de sobra, aunque más tarde fue de ayuda. Mientras hablabas sabíamos que se nos hacía tarde, pero el tiempo y las quejas se fueron al demonio por disfrutar del día y ambos decidimos que no importaba nada más que este momento. Un impulso no muy recurrente vino a mi, me recosté en tus piernas alucinando con los colores de la pileta e inconscientemente esperando una respuesta tuya
- ¿Qué haces?
- Ya verás
Y así, tu celular en mi pecho comenzó a tocar El reino de tiempo, disfrutamos de las más dulces melodías y poco a poco el tiempo se hacía eterno... entre la danza de las libélulas, ventanas, bufones y cafés acariciabas mi pelo dulcemente, y confieso: me parecía un sueño. Cantando canciones llenas de magia, melancolía y cierto romanticismo, Manuel García colaboraba con armonía. Jugueteaban las manos, reíamos de vez en cuando, veíamos las luces, me molestabas al cantar... pero todo eso lo hacía perfecto y mientras los juegos seguían hemos vuelto una vez tercera a presenciar en reino del tiempo, de a poco te acercas o te acerco, aún no lo tengo claro, no se si lo esperabas, yo no, pero creo que lo deseaba... Hemos vuelto a recordar esos días de verano en donde el tiempo no existía y el otro era todo en el mundo por ese instante. ¿Cuántas veces la vida te puede dar el regalo de detener el mundo, de sentir que flotas... de estar sobre una nube? No sé cuántas y no me interesa saber si tendré más, solo sé que disfrute ese momento como pocas veces he disfrutado algo, te has encargado de hacer que cada instante juntos parezca ficticio solo por lo increíblemente perfecto, por eso aprovecharé todos y cada uno de los segundos que el destino nos permita vivir uno junto al otro. Aunque estemos a kilómetros de distancia sabemos estar muy cerca estando muy lejos, por eso todas las noches espero una nueva luz de amanecer...
J.

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