Nos conocimos un extraño día, porque claro está, teniéndonos a nosotros de protagonistas nada puede ser normal. Él estaba, como de costumbre, solo y pensativo; yo, por mi parte, tenía un ánimo envidiable, esa fase hiperactiva e hipercuriosa de mi ciclo emocional. Así fue, gracias a sus aires misteriosos y a mi entrometida extrovertividad, que nos conocimos.
Ambos eran personas con mucho que ocultar, mas no eran secretos. Sus respectivas sensibilidades conectaron en puntos comunes, desde sus ataques repentinos y sin motivos de nostalgia y melancolía hasta esa repulsión por la humanidad, aquella que se hace llamar humanidad, a la que ellos mismos pertenecían, por ende también recibían su propio odio. Pensamientos autodestructivos y sádicos. Morbosos.
Comenzaron a compartir sus miedos y frustraciones, sus gustos, sus intereses, sus alegrías. Compartían sus ensimismamientos, respetaban sus silencios (más bien sus tiempos) porque sabían que el otro tarde o temprano se descargaría. Entre ellos buscaban sus razones, llegando a hablar un mismo lenguaje. Esas dos personas echas monstruos por dentro, encerradas en sus mentes comenzaron a compartir su soledad.
"Qué te pasa? - Lo de siempre"
Almas oscuras, pero amigas pueden tener grandes muestras de cariño.
"Te amo, loca"
"Por ningún motivo te puedes morir, no me puedes dejar sola"
Así nos acostumbramos a hablar todas las noches, a veces por horas, quizá puras boludeces. Así nos acostumbramos a estar presente aunque estemos lejos. Con pequeños gestos. Me di cuenta que no estoy sola, que esta él, y que él comparte su soledad conmigo.
(Como agradezco que no hayas tenido peritonitis)
No hay comentarios:
Publicar un comentario