- ¿Volverías? - fue lo primero que dijo luego de levantar la mirada del pasto con que jugaba bajo su cuerpo, mirándola, como ya extrañándola.
- No lo sé... quizás. - ambos guardaron silencio - volveré, a menos que haga una vida allá, una vida que obligue a quedarme. Volveré.- Su rostro se volvió a iluminar y a retomar el color de sus mejillas mientras ella continuaba.- Tengo mucho que hacer aquí- y miró el gran edificio que tenían en frente- sabes? me gustaría vivir aquí.- Él la miró extrañado mientras ella estaba concentradísima en los últimos pisos del edificio.
- Sí. Imagina venir acá todas las tardes, andar en bici, sentarse a leer, pasear al perro. Imagina vivir acá los atardeceres mientras lees un libro fabuloso y el viento te sopla en la cara.
- Cierto, no lo había pensado así, pero parece agradable.
- Siempre he pensado vivir acá mi joven adultez; cerca de todo, en medio de un pulmón en Santiago.
- Eso quiere decir que volverás- la miró esperanzado. Ella rió.
- Sí, volveré.
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