domingo, 24 de febrero de 2013

Escrito CLXIV (supongo)

Sí, hay un hombre ahí, aquí. Esta de pie junto a la puerta, vigilándome de vez en cuando, siempre de noche. Ahí está, casi en el umbral. Su silueta alta, de contextura media, sí, es un hombre. No logro distinguir su rostro, solo veo su oscuro cuerpo moverse. La primera noche que lo vi estaba inmovil en mi cama, con el rostro hacia él, perturbada, asustada por no poder mover músculo alguno de mi cuerpo; y él me miró, con cuidado se acercó y hurgueteó entre mis cosas, en el sofá, en el escritorio, entre las maderas que sostienen mi cama, sentía sus manos empujando el colchón en su búsqueda. Hoy me sorprendió su visita, sigue ahí, misterioso (¿qué querrá?), sin miedo lo tengo a menos de un metro, justo después de que se quemará la luz. No molesta, no asusta. Es un ser oscuro pero pasivo. Inclina su cabeza, cruza los brazos. No vislumbro sus facciones pero sé cada uno de sus gestos. Esa noche estaba ansioso, casi desesperado; hoy es paciente, parece solo vigilar, observar... esperar. (¿querrá que me vaya a acostar para seguir buscando?).Viene hacia mi, se inclina y acerca su rostro al mio, como intentando reconocerme, y luego vuelve a su lugar, vuelve a cruzar los brazos, vuelve a esperar...
Este podría ser un magnífico cuento de suspenso, o quizá inspirar pavor, impotencia... pero no. Esto es algo normal.

No hay comentarios:

Publicar un comentario