Mil imágenes congregadas en unas pocas horas interferidas entre sí como cortes en la transmisión. Dos personas, una casa vieja, con patio central, abandonada, corroída - Este es el lugar perfecto -.
Cuarto cerrado, una mesa cuadrada de oscura madera un mapa sobre ella y cinco personas a su alrededor. Ojos tiernos y cálidos, una sonrisa y mucho humo.
Una imagen en negro y solo palabras, una voz muy gruesa con acento extranjero, dos voces suaves, una más firme que otra, el sonido del mar.
- Viniste acompañado
- Por seguridad, y necesitarán ayuda para cargar el camión
+ ¿Están todos los juguetes?
- Todos
- ¿Los gases y líquidos?
- El bisulfato de sodio llega en dos días
+ ¿Por qué?
- En Perú era más urgente el pedido
- No importa, en dos días, misma hora, mismo lugar.
Más imágenes. Un muchacho amarrado a una silla, cubierto de sangre, gritos, llanto
- Dinos dónde están
- ¡No les diré ni una puta palabra!
Manos adoloridas. El alma herida.
Humo, personas corriendo, me sueltan la mano, lo miró, me mira, me sonríe
- Te amo - leo en sus labios, me miraba en retroceso con los ojos cálidos y la sonrisa de niño.
La Casona, antes de todo, sus muros rasgados, la felicidad de pintarla, él, Jaime, Cristina y yo, oberoles manchados, cara, brazos y manos con pintura, risas, chistes y esperanza. La Casona terminada, las camillas, los estantes, los remedios, los guantes.
La sonrisa, la mirada, un "te amo", la despedida.
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