He visto capítulos pasados de un libro al que debí prestar atención, pero fue inevitable la somnolencia de una historia predecible y llena de tropiezos. Retrocedí paginas para completar la historia y aclarar mi mente, cuando prometí leer tales hojas de corrido y nunca mirar hacia atrás.
He visto caer los muros de una cárcel inquebrantable y cómo en un pasado logró barrer los deseos de libertad por prisión, por seguridad y previsión. Entre tantos cuentos han entrado inocentes y culpables por un juicio rápido y falto de pruebas. Y los muros cayeron por un viento oscilante que iba y venía sin darnos cuenta que oxidaba cerraduras y corroía las paredes firmes que una vez un hombre construyó.
Me he visto en cuentos, ahogada en mares profundos, salados y sin vida; tan hondos, deprimentes y tormentosos, tan negros: mar muerto.Oleadas que yo misma provoqué.
Las historias han contado silencios y secretos de paraísos perdidos y olvidados, dejados a la deriva del mar muerto que ha rodeado de a poco la cárcel herida. Corroída y derrumbada ha entrado un intruso con intensiones ocultas, un ave ligera de hermosas causas y una brisa ha envuelto de palabras los muros destrozándolos, y han caído para lo que creían nunca más levantarse.
Pero el pañuelo a girado en la rotonda de costumbre mostrando lo más escondidos de los hombres: el razonamiento de las ideas que perduran, provocan e impulsan las quimeras prohibidas por el consiente del ying y el yang y escoltando las contradicciones al orgullo.
Y en esa parte de la historia los muros se han vuelto a levantar, los jueces han decidido volver a enjuicias y harán con tanta culpa como siempre y sin culpa alguna que los ríos crezcan llevando las aguas al mar donde coinciden porqué todos han nacido de la misma lluvia.

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