lunes, 12 de diciembre de 2011

Mi nombre es Cecilia - Escrito XL part. 6

Se subió al auto con desconfianza, no en él, sino en su entorno. De piloto un hombre delgado, de cabello corto, liso y muy fino, su rostro se iluminaba por la luz de la calle. La muchacha se subió y partió, solo se detuvo cuando llegó al frente de una casona vieja del sector sur de la capital, luego de muchas vueltas y giros innecesarios con los pasajeros todo el viaje en silencio.

9.38 pm frente a la casona: 
- Llamé a tu mamá - me dijo con su voz amable
- ¿Qué le dijiste?-  le contesté con la mirada fija en un foco frente a mi 
- Que estabas detenida, que me llamaste porque ella no contestaba y que la llamarías a penas te dejaran libre
- ¿Te creyó? 
- Si - luego de esta última respuesta un silencio predominó en el vehículo, luego una nueva pregunta - ¿Cómo te sientes?
- He estado peor - luego de unos segundo bajé la mirada, mi blusa estaba manchada de sangre. Volví la vista al frente y sin pestañear no sé si porque tenía la mirada perdida en un punto fijo o porque la hinchazón no me dejaba interrumpí el silencio- Me llamaron Martina.

La vista de la joven seguía perdida, ella y su acompañante seguían inmóviles cuando la figura de una mujer se acerca al espacio entre ambos asientos saliendo de la penumbra.Volvió a hablar

- Mencionaron una base en Concón, una en Arica, me llamaron Martina y eso fue todo lo que dijeron durante dos horas.
- Esto es malo - habló por fin "la calladita"
- Lo sé - le contestó mientras abría la puerta del auto y se bajaban los tres ocupantes
.

Cuatro toques a la roñosa puerta en la oscura calle, código común. Nos abrió al rato "la señora". Entramos y lo primero que hice fue tomar mi celular y llamar a casa. La preocupación evidente de mi mamá me cala los huesos hasta el día de hoy, sus muchas preguntas fueron contestadas con lo que a una protectora madre le gustaría escuchar.
- Estoy en la casona, estamos atendiendo a los heridos de hoy, me quedaré aquí y mañana, cuando salga de la u, me voy directo a la casa.
- Bueno hija, con que estés bien... hace rato ya haces lo que quieres así que mucho no vale mi opinión - decía entre reproche y risas
- Perdona mamita, dile a todos que estoy bien ¿ya?, te amo.
- Y yo a ti, cuídate mucho- luego de eso cortó

Ahí recién saludé como corresponde a la señora fui directo a la sala de atenciones, me acosté en la camilla y me revisó. Esa mujer cómo siempre hizo milagros, deshinchó y volvió a su tono natural mis ojos, curó mi labio y atenuó los hematomas, me vendó para sanar la fractura de costillar y aplicó cera de vela en mi dedo fracturado. Eran las 12 y me dejó recostada en la camilla para ver cómo iban el resto de los heridos, al menos hoy no había llegado ningún caso grave. Miraba el techo de esa fría pero acogedora casa, sus ladrillos de adobe habían sobrevivido tantos años en pie y tantas historias dentro de él, recuerdo cuando la restauramos, como yo misma pinté esa habitación de ese tono damasco, recuerdo esos primeros días de tempestad y esperanza. Miraba el techo medio descascarado, ideaba mil soluciones, estaba consternada pero mi labor es guardar la calma y pensar en frío, en eso entra Javier

- ¿Cómo estas?
- Mejor, ya no duele - contesté mirando el techo. Esa noche estuvo llena de silencios
- ¿Salió muy afectada Camila? - pregunté mientras giraba la cabeza para verlo a la cara
- Bastante
- Viste, esto es demasiado para ella. No soportaría la preparación si no pudo soportar una sola marcha.
- Es fuerte, estaba impactada, la sabremos entrenar - parecía encaprichado con que fuera parte de esto
- Estas loco, harás que la maten y que nos maten a todos - contesté, cansada de decirle y probarle los riesgos que se correrían - No tiene la fuerza ni el coraje para estar entre nosotros.
- Aprenderá a tenerlo
- El coraje y la firmeza no se hace, con ello se nace- Mi voz se hacía cada vez más pesada, no soportaría que Javier, por su necedad arriesgará todo - ¡ Es solo una niña!
- A caso no te acuerdas que edad tenías cuando comenzamos - Contestó como un cuchillo, no hacía falta respuesta, ambos sabíamos cuándo y cómo nos involucramos.
- Es diferente... - contesté mientras giraba la cabeza lejos de él
Un nuevo silencio incómodo
- Está bien, llamaré a reunión por todo lo de hoy - Decía mientras me ofrecía un vaso de agua - Descansa, nos vemos en seis horas más.
Eso fue lo último que oí esa noche, me dormí mientras tomaba lo que Javier me daba, que por sus efectos, no era solo agua y los ojos se me cerraron con su rostro en frente.

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