Entramos y era evidente lo que se nos venía, solo una pregunta venía a mi: Por qué la Cami.
Era una sala asfixiante, húmeda y helada, habían unas cinco mujeres además de nosotras, entre ellas María Esperanza y la escolar Josefa. Una oficial estaba dentro, nos dejaron allí y los perros que nos llevaban se fueron... Ahí empezó
- Señoritas, gusto en conocerlas - decía con ironía y una risa burlona - estoy aquí para conocerlas un poco más, comencemos... a algunas ya les sé sus nombres así que identifíquense para confirmar - Se volteó mientras desabrochaba los botones de sus mangas y las arremangaba a la altura de los codos- Comencemos.
- Ana Martínez
- Claudia Ortiz
- Josefa Mellado
- Javiera Inostrosa
- Luisa Vidal
- María Esperanza Fernandez
- Camila Cornejos
- Tamara Correa
En ese orden estábamos de costado a costado en la sala, conmigo más cerca de la puerta cerrada con pestillo.
- Ok! estamos muy bien- decía revisando unos papeles que habían en un escritorio viejo y sucio detrás de ella al fondo de la sala - bueno, ahora a revisarlas, desvistanse.
Cuando dijo eso las presentes quedaron atónitas y por unos segundo no reaccionaron, quizá pensaron que era broma, una de muy mal gusto, que podrían evadirlo, o qué se yo. Las despertó un grito
- ¡Ya pues! vayanse quitando la ropa
La Cami, temblorosa se atrevió a preguntar murmurando : y si no lo hacemos... tuvo por respuesta una cachetada tan fuerte como para que me asustara el ruido
Allí comenzaron a quitarse las blusas y poleras. Mi amiga tomaba la suya cuando con el brazo derecho la cubrí haciéndola hacia atrás
- No lo hagas - le dije mientras veía fijo a la oficial
- Pero...
- Pero la que da las ordenes soy yo, y si digo que lo hagan quiero decir que lo haga - me miró desafiante
- ¡No lo hagan! - grite aún viéndola sin pestañear ni quitar mi mirada de esos fríos ojos negros
Seguía cubriendo a Camila, no dejaría que la humillaran, ni a ella, ni a mi, ni a nadie.
- Ya niñitas, no lo harán - Dijo con voz tranquila - las ha salvado la campana
Llamó al personal para que se las llevara de la sala y así las sacaron, no sé a donde. Quedamos solas, la bestia y yo.
Lo que menos tenía ese espécimen era de mujer, entre gritos y amenazas me toqueteaba tan asquerosamente como cualquier abusador, a empujones y golpes trataba de alejarla pero a pesar de no se una persona débil su fuerza me superó. Era un monstruo.
La cara me ardía de tantos puñetazos, mi boca sangraba. Me tomó del pelo y con una fuerza sobrenatural me tiró al piso, me golpee la nariz con la baldosa, se agachó, volvió a tomarme del pelo y me hizo la cabeza tan atrás como pudo, sentí que me quebraban el cuello y dijo a mi oído muy despacio - Ahora Martina, háblame de la base en Concón - Ahí, recién ahí me di cuenta de lo mucho que sabían.
- Señoritas, gusto en conocerlas - decía con ironía y una risa burlona - estoy aquí para conocerlas un poco más, comencemos... a algunas ya les sé sus nombres así que identifíquense para confirmar - Se volteó mientras desabrochaba los botones de sus mangas y las arremangaba a la altura de los codos- Comencemos.
- Ana Martínez
- Claudia Ortiz
- Josefa Mellado
- Javiera Inostrosa
- Luisa Vidal
- María Esperanza Fernandez
- Camila Cornejos
- Tamara Correa
En ese orden estábamos de costado a costado en la sala, conmigo más cerca de la puerta cerrada con pestillo.
- Ok! estamos muy bien- decía revisando unos papeles que habían en un escritorio viejo y sucio detrás de ella al fondo de la sala - bueno, ahora a revisarlas, desvistanse.
Cuando dijo eso las presentes quedaron atónitas y por unos segundo no reaccionaron, quizá pensaron que era broma, una de muy mal gusto, que podrían evadirlo, o qué se yo. Las despertó un grito
- ¡Ya pues! vayanse quitando la ropa
La Cami, temblorosa se atrevió a preguntar murmurando : y si no lo hacemos... tuvo por respuesta una cachetada tan fuerte como para que me asustara el ruido
Allí comenzaron a quitarse las blusas y poleras. Mi amiga tomaba la suya cuando con el brazo derecho la cubrí haciéndola hacia atrás
- No lo hagas - le dije mientras veía fijo a la oficial
- Pero...
- Pero la que da las ordenes soy yo, y si digo que lo hagan quiero decir que lo haga - me miró desafiante
- ¡No lo hagan! - grite aún viéndola sin pestañear ni quitar mi mirada de esos fríos ojos negros
Seguía cubriendo a Camila, no dejaría que la humillaran, ni a ella, ni a mi, ni a nadie.
- Ya niñitas, no lo harán - Dijo con voz tranquila - las ha salvado la campana
Llamó al personal para que se las llevara de la sala y así las sacaron, no sé a donde. Quedamos solas, la bestia y yo.
Lo que menos tenía ese espécimen era de mujer, entre gritos y amenazas me toqueteaba tan asquerosamente como cualquier abusador, a empujones y golpes trataba de alejarla pero a pesar de no se una persona débil su fuerza me superó. Era un monstruo.
La cara me ardía de tantos puñetazos, mi boca sangraba. Me tomó del pelo y con una fuerza sobrenatural me tiró al piso, me golpee la nariz con la baldosa, se agachó, volvió a tomarme del pelo y me hizo la cabeza tan atrás como pudo, sentí que me quebraban el cuello y dijo a mi oído muy despacio - Ahora Martina, háblame de la base en Concón - Ahí, recién ahí me di cuenta de lo mucho que sabían.
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