lunes, 5 de diciembre de 2011

Mi nombre es Cecilia - Escrito IL part.4

Fuera de la micro nos esperaban cuatro pacos, también de fuerzas especiales, tomaron a la Cami por los brazos y con su cara llena de angustia la entraron a la comisaría. Hicieron lo mismo conmigo y la micro se fue. Todo dentro era, al parecer, normal, nos llevaron por la fuerza por un largo pasillo hasta que entramos a una sala, en frente otra de igual tipo, ambas cerradas, con una sola ventana muy oscura, parecía con algún grado de polarizado. Mientras caminaba por el pasillo vi la primera sala, la puerta estaba entreabierta y pude ver una hilera de hombres amedrentados, entre ellos los capucha, el abuelo, el fotógrafo y el estudiante.
Entramos y era evidente lo que se nos venía, solo una pregunta venía a mi: Por qué la Cami.
Era una sala asfixiante, húmeda y helada, habían unas cinco mujeres además de nosotras, entre ellas María Esperanza y la escolar Josefa. Una oficial estaba dentro, nos dejaron allí y los perros que nos llevaban se fueron... Ahí empezó 
- Señoritas, gusto en conocerlas - decía con ironía y una risa burlona - estoy aquí para conocerlas un poco más, comencemos... a algunas ya les sé sus nombres así que identifíquense para confirmar - Se volteó mientras desabrochaba los botones de sus mangas y las arremangaba a la altura de los codos- Comencemos.
- Ana Martínez
- Claudia Ortiz
- Josefa Mellado
- Javiera Inostrosa
- Luisa Vidal
- María Esperanza Fernandez
- Camila Cornejos
- Tamara Correa
En ese orden estábamos de costado a costado en la sala, conmigo más cerca de la puerta cerrada con pestillo.
- Ok! estamos muy bien- decía revisando unos papeles que habían en un escritorio viejo y sucio detrás de ella al fondo de la sala - bueno, ahora a revisarlas, desvistanse.
Cuando dijo eso las presentes quedaron atónitas y por unos segundo no reaccionaron, quizá pensaron que era broma, una de muy mal gusto, que podrían evadirlo, o qué se yo. Las despertó un grito
- ¡Ya pues! vayanse quitando la ropa
La Cami, temblorosa se atrevió a preguntar murmurando : y si no lo hacemos... tuvo por respuesta una cachetada tan fuerte como para que me asustara el ruido
Allí comenzaron a quitarse las blusas y poleras. Mi amiga tomaba la suya cuando con el brazo derecho la cubrí haciéndola hacia atrás
 - No lo hagas - le dije mientras veía fijo a la oficial
- Pero...
- Pero la que da las ordenes soy yo, y si digo que lo hagan quiero decir que lo haga - me miró desafiante
- ¡No lo hagan! - grite aún viéndola sin pestañear ni quitar mi mirada de esos fríos ojos negros
Seguía cubriendo a Camila, no dejaría que la humillaran, ni a ella, ni a mi, ni a nadie.
- Ya niñitas, no lo harán - Dijo con voz tranquila - las ha salvado la campana
Llamó al personal para que se las llevara de la sala y así las sacaron, no sé a donde. Quedamos solas, la bestia y yo.
Lo que menos tenía ese espécimen era de mujer, entre gritos y amenazas me toqueteaba tan asquerosamente como cualquier abusador, a empujones y golpes trataba de alejarla pero a pesar de no se una persona débil su fuerza me superó. Era un monstruo. 
La cara me ardía de tantos puñetazos, mi boca sangraba. Me tomó del pelo y con una fuerza sobrenatural me tiró al piso, me golpee la nariz con la baldosa, se agachó, volvió a tomarme del pelo y me hizo la cabeza tan atrás como pudo, sentí que me quebraban el cuello y dijo a mi oído muy despacio - Ahora Martina, háblame de la base en Concón - Ahí, recién ahí me di cuenta de lo mucho que sabían.

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