Cuídame de esta locura crónica que me envenena, de la abstinencia de emociones y sus crisis. Cuídame de mi y mis vicios. Arráncame de una vez las manías y llévame del mundo a otro lugar.
Alejame de la cotidianidad tormentosa que nos asesina poco a poco, del futuro y del pasado. Ayúdame a vivir aquí sin importar nada y siendo relevante todo.
Pierde mis miedos y despójame de ellos, no los vuelvas a buscar, que queden entre las ropas revueltas del sofá, esas que nunca voy a ordenar.
Quédate hasta que la eternidad se haya perdido y adiós signifique lo mismo que para siempre.
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