En mi boca quebradiza resopla un murmullo,
el sonido de la niebla aflorando tras los labios
un secreto.
En tus ojos revolotean las estrellas
subyugadas a la impaciencia que te carcome,
y me envolvía.
Tus manos y mis manos perdidas en la noche,
entre lo dulce de la bruma y la oscuridad
un grito en tu mirar resuena.
Perdido, tú en tus lagares,
yo en mis abismos;
encontrados tras la fruta del árbol caer.
Velado tras las risas queda una historia
que nuestras plumas dejaron postergada
en la estación de frío invierno.
Tus tiempos y mis tiempos,
nuestra pausa, nuestro momento.
Un hoy, sin futuro y sin ayer.
Una soledad que no podría ser más implacablemente dulce.
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