lunes, 11 de noviembre de 2013

Escrito CLXXXIII

En mi boca quebradiza resopla un murmullo,
el sonido de la niebla aflorando tras los labios
un secreto.

En tus ojos revolotean las estrellas
subyugadas a la impaciencia que te carcome,
y me envolvía.

Tus manos y mis manos perdidas en la noche,
entre lo dulce de la bruma y la oscuridad
un grito en tu mirar resuena.

Perdido, tú en tus lagares,
yo en mis abismos;
encontrados tras la fruta del árbol caer.

Velado tras las risas queda una historia
que nuestras plumas dejaron postergada
en la estación de frío invierno.

Tus tiempos y mis tiempos,
nuestra pausa, nuestro momento.
Un hoy, sin futuro y sin ayer.

Una soledad que no podría ser más implacablemente dulce.



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