Sus dedos se entretejían en una maraña de excusas, tas la manta nadie veía que su cariño los hacía entrar en contacto. Resultaba curioso que dos extraños se conocieran tanto y se sintieran tanto. Mientras el mundo fuera de esa cobija de nada valía, sus expresiones dentro de lo que conversaban no sobresalían de unas cuantas exclamaciones, su atención estaba ahí, en ese juego, en esos dedos que bailaban entre tocándose y no, como si nada.
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