Uno de hace tiempo I
No lo digas.
Oculta tras las cortinas todo aquello que quieras decirme.
No dejes que la niebla se disipe.
Que las palabras sean la senda que conduce al otro,
no olvides tanto engaño, tanta omisión.
Quedemos así, en el atractivo de no saber,
de no confesar nada, de no atreverse a todo.
Nada te puedo ofrecer.
No me obligues a dejar este vicio
que escurre en la sangre y me llena de sed.
El agua salada de los versos bien dichos
que te calman y te aquejan pidiéndote más.
Es una dulce maldición tus suaves letras, tu juvenil encanto,
tu ego infantil y avezado interés por lo absurdo.
Por favor, no me lo digas, no mates este sin sentido que nos llena de vida.
Deja que se nos haga obvio hasta más no poder
mientras en el trayecto perdonas mi pasión,
la que te lleva a la duda, a la nostalgia,
a creerme tu loca desaforada, tu estrella, tu árbol preciado.
Perdona mi precariedad ante tu disposición,
perdona la no correspondencia de lo concretamente abstracto.
Perdona lo que soy y lo que deseas,
ese desastre que te llama y te alimenta la soledad,
creyendola tuya para sumarla y hacerla nula.
Soy tal cual me desconoces, tal cual me imaginas y me sientes,
soy tan propia a tus sentidos y a tu mente
como al hecho de que no te pertenezco,
tanto, como soy tuya en palabras.
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