No puede el sufrimiento del pasado y un futuro feliz recaer en la misma persona que habita latentemente tu presente. Lo sabes. Y el día en que lo aceptes este letargo terminará.
Detesto las promesas, los "siempre" y los "nunca", las ilusiones y esperanzas, y ese gran amor que obliga a odiar. Detesto los rencores. Y por sobretodo la incertidumbre interna de no saber que pasa en tus entrañas.
Y ahora, desesperada, escapar en un amigo completamente desconocido. Es más fácil hablar con un extraño. No tienes nada que ocultar, que demostrar, que aparentar. No importa el juicio que tenga o vaya a tener de ti y, lo más importante, no puedes herir.
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