viernes, 28 de octubre de 2011
Escrito XXXIII (todo calza pollo!)
De vuelta a casa, a diez minutos de llegar, resuelto a terminar Los Colores. Su mirada en el piso fija, no pensaba, o tal vez si, tenía la mente en blanco pero en el fondo algo pensaba. Comenzaba a sonar Hablar de ti... Primer paradero en la avenida principal y su mirada extenuada de un día arduo pero confortable, levanta la vista, estaba justo en frente a la puerta que se acababa de cerrar antes de partir la micro volvió a abrir su puerta delantera, alguien de corrida llegaba para subirse mientras a casi dos metros una figura pequeña fijaba sus ojos en el sujeto tras la puerta, en la acera, frente a la micro, en el paradero. Había visto ese rostro antes, eran los ojos mas tristes que nunca había terminado de conocer, se estremeció pero no como pensó, al contrario, estaba tranquila comparada a la cara de sorpresa de su amor inconcluso, al parecer la reconoció pero la vio tan diferente como si no la conociera aunque en el fondo nunca lo hizo, aunque conociera su persona a su totalidad. El tiempo pasa y sus caras de sorpresa se ven difusas por la oscuridad de las diez de la noche. Tenían todo un mundo para encontrarse y se encontraron allí, separados por una puerta transparente, aunque durante años los separo un universo y ahora también lo hacía y al parecer ahora más que nunca, ya no son ellos, ya no son quienes se vieron y se idealizaron, ahora quizá son mejores. Ahora son más extraños. Y así ese fragmento de eternidad se convirtió en un segundo, y les bastó una mirada para terminar su historia. La micro partió. Había terminado Hablar de ti.
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