lunes, 24 de octubre de 2011

Dónde se han metido - Escrito XXVIII

Salía de la amasandería con la tranquilidad de siempre, un poco adolorida, verdad, pero ese es otro tema. Curiosamente las calles perdieron ese intento de luz que poseen las noches en su totalidad. Personas comprando, niños jugando, muchachos conversando. Todo bien. Miro al frente y lo primero que veo es aquella plaza, mi tan querida plaza, ella llena de historias, tan nocturnal como un bosque listo para ser aventurado. La noche era perfecta pera recostarse en el frío pasto y ver el cielo iluminado por las estrellas...
No fue así, en el cielo se ausentaban las luciérnagas blancas y no porque se hayan cubierto de nubes. El manto despejado estaba oscuro por voluntad propia, quizá no de él, pero si de ellas. Esta noche se ausentaron, no estaban las calcedonias brillando en el espacio. Se han ido, nos están castigando, tanto hemos desperdiciado su luz que se alejan, nos dejan, y no disfrutaremos más de su presencia en nuestras noches de soledad, ni el calor de la compañía. Y ahora ¿a quién le daré esos mensajes secretos que solo ellas podían guardar y llevarlos hasta las profundidades de su existencia? los guardaré hasta que vuelvan a cubrir como solo ellas lo pueden hacer las penas, melancolías y alegrías de mi cielo.


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