A veces, más vale aferrarse a unos brazos y gritar ayuda. Puede que te estrechen con el calor de un socorro que no podrían darte sin haberlo pedido. A veces, aunque sea difícil, necesitas compañía, necesitas pedirla, y dejar de encerrarte. Puede que así, y sólo así, te des cuenta que sí tienes personas contigo. Que cuentas con un abrazo, con una risa, con una mano. Es complejo. Hay miradas que disimulan decepción con cansancio ya tan acostumbradas a esconderse, y de esta forma ¿quién podrá ver tu destrucción?.
Mientras no noten la obviedad de una lágrima, de una frase directa, de heridas en tu piel; no notarán que estás en plena vía de perderte en ti mismo, de llegar a ese profundo abismo del que no podrás salir.
A veces, es necesario confiar en alguien.
A veces, es necesario pedir ayuda.
A veces, no se está completamente solo.
Recuérdalo.
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