sábado, 19 de mayo de 2012

Un poco más de mi - Escrito LXXVII

Últimamente comprendí que los peores insultos y las más grandes heridas las causan, con o sin intensión, las personas que más quieres. Respecto a mi, entendí que quizá no sea así, pero que esos insultos y esas heridas solo cobran valor cuando provienen de alguien que quieres.
Reconocí también esa constante melancolía, que está presente incluso en los momentos de mayor goce. Unos ojos tristes acompañan hasta la más sinceras de las sonrisas, y probablemente sea eso lo que me hace caer, en ocasiones de forma inesperada e incluso hasta injustificada, en grandes depresiones. ¿Será que la depresión es crónica? ¿será que está siempre a tu siga como un fantasma para aparecer cuando menos la esperas, cuando menos la deseas, como ese molesto pariente que visita tu casa desde muy lejos y que debes recibir irremediablemente? ¿Será que lo único cierto es vivir en ese limbo entre la felicidad y la depresión, ese limbo fascinante o uno más bien rutinario, pero limbo al fin, y que ambas emociones o estados emocionales son solo visitas, pasajeras, queridas o detestadas, pero solo visitas?. Creo que ni la vida misma me alcanzará para contestar esto, debe ser porque los humanos vivimos, por suerte, muy poco; ¿podrá contestarme esto una tortuga, con sus siglos encima, o un árbol, que roce unos tantos milenios? Quizá.
Siendo menos existencial y más narcisista, en mí la melancolía recae de vez en cuando, y la depresión tras algo notoriamente fuerte: en menos de un año la he vivido dos veces ¿cómo lo sé? porque ya aprendí a identificarla, duermo mucho, casi ni como (entre que paso en el sueño casi todo el día y en mi despierta somnolencia no tengo apetito alguno), no dibujo, no pinto, ni siquiera escribo (es tan fuerte el desánimo que ni siquiera tengo fuerzas para expresarlo, creo que quienes me conocen sabrán y dimensionarán lo grave que es en mí no escribir) y como consecuencia final, un impulso en fracciones de segundo me harían cometer cualquier idiotez, o más bien no es una idiotez. Son cosas desagradables, realmente desagradables, sobretodo por no escribir. Lo bueno de todo esto es que, al poder identificarlas, puedo decidir si sumergirme en ella o salir, eso me gusta, poder decidir, ambas alternativas son ferozmente difíciles por lo tanto no hay una opción fácil en esta decisión, pero puedo decidir, uno de mis placeres más grandes.
Y aquí me ven, saliente de dos, puede ser que todavía no pase por una tan grande que me haga elegir la otra opción, o puede que esta sea la más fácil de tomar, pero sin duda es la más complicada de asumir y prolongar. O cabe la duda de que mi frustración a fallar esté vigente incluso en esto, si, eso también influye en mi decisión, estoy segura. La verdad, como muchas cosas, no sé por qué, pero aquí estoy, escribiendo boberías nuevamente y tratando de encontrar un equilibrio que sé que no hallaré, porque el día en que lo haga definitivamente dejaría de ser yo, y aunque me es aberrante en algunos aspectos, no dejaré nunca de serlo.

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