domingo, 5 de febrero de 2012

Escrito LXVI - Baquedano

Ahí estás otra vez como siempre, tan cálida y tierna, suave con esos ojos somnolientos, tan como tú y tan como otra. Te veo como eres con los que amas, como eres lejos de las miradas y entregada por completo. Sin tu corteza fría, áspera e implacable, solo porque nadie te ha amado lo suficiente para que quieras sin temores.
Ahora te siento casi tú, casi por completo tú. Tus manos tibias se acercan a mi rostro, no puedo creer la delicadeza con que lo haces, esa que pensé que no tenías, tus dedos temblorosos me rosan y solo con las yemas me tocas casi sin tocarme. Y ahí está esa mirada dulce, media somnolienta y esa sonrisa de niña pero tan coqueta. No sé cómo no lo vi antes ni cómo otros no lo ven aun.
Te acercas lentamente, mi corazón se agita y sin dejar de acariciarme reposas tu cabeza en mi pecho y me amarras con tu mano libre. Ahora me doy cuenta que mi brazo te rodea hace un buen rato y mi mano acaricia tu hombro. Parece mentira lo aferrada que te tengo y lo acurrucada que estás; cada movimiento brusco me excusa de acercarte más a mi y tomarte más fuerte para evitar que te caigas, me pregunto si intuirás las verdaderas intenciones, sea cómo sea parece no molestarte, lo que es yo preferiría que este momento nunca acabara.


Lástima, llegamos a la estación, debemos bajar del metro.

No hay comentarios:

Publicar un comentario