Aquí está, a la vista de todos
esta mujer de rasgos tímidos
y apariencia inocente.
Aquí ves, en un solo gesto
la mujer que no esperas,
la de piernas firmes
y brazos fuertes,
la de espalda erguida,
voz altiva y vista al frente.
Una sin miedos ni tapujos.
Enjuiciada por muchos,
criticada por no ser la fina,
la educada, la sumisa.
Por llevar masas en un discurso,
por sembrar ideas y dudas
y elevar mentes.
Aquí ves a una mujer
apuntada por prejuicios.
Que ha amado en libertad,
a enamorado
y no se ha enamorado.
En ocasiones se ha dejado tentar
por esas niñas de bien:
las obedientes hijas,
las correctas novias,
las indulgentes mujeres.
Pero se mira al espejo
y ve sus piernas firmes,
sus brazos fuertes
y su espalda erguida
y no necesita más aprobación
que la de ella misma.
Esa mujer luchadora
que ama salir a las calles
y enfrentar toda lágrima
con su suave voz
llena de verdades y aguijones.
Tan fácil de odiar
y tan complicada de amar.
Porque nació siendo viento
y desde siempre recibió golpes
Porque bajo el deseo de todos,
escuchaba los de su madre
que tanto quiso que fuera como debiese,
ocupara delicados vestidos,
asumiera su rol,
llorara por banalidades
fuera lo correcto.
Pero ella nació siendo viento
para ser luego una mujer de piernas firmes
brazos fuertes, espalda erguida,
voz altiva y vista al frente.
Tan fuerte como ningún hombre quisiera que fuera
y tan orgullosa de ser lo que es.
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