La verdad puede doler y acostumbro decirla. Sin eufemismos, de forma impulsiva, quizá en broma, pero la digo. Cuando tocan un nervio sensible en ti sea como sea el comentario y sea cual sea la persona el rechazo es inmediato, te pones alerta, tu sentido animal te deja a la defensiva.
Y ahora, como unas cuantas veces me vuelvo a cuestionar qué tan bueno sea, entre verdades un dejo de maldad se asoma, no sé qué tan mala, no sé que tan sana, pero entre crudas verdades, fríos comentarios y bromas crueles toco la sensibilidad de quienes no debería y muchos no entienden que una niña pequeña, menuda y de rasgos tan inocentes pueda ser tan aguda. Las apariencias engañan y soy un claro ejemplo.
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