lunes, 7 de octubre de 2013

Discurso Público

Discurso para el liceo, acotado a las normas de tiempo dadas.



Estimadas compañeras, hoy les vengo hablar como una más de ustedes, como un actor más en la sociedad, como la ciudadana que soy, tal como muchas de ustedes son o prontamente serán. Y con la esperanza de que algún día este discurso pueda llegar  no solo a los oídos, sino a las mentes de muchos más jóvenes.
Cada cuatro años puedo ver como mi país se llena de promesas, de propaganda de todo tipo desbordando las calles y los medios de comunicación, veo mi barrio, el de mis amigos, el de mi abuela siendo visitado por personajes que en su vida han transitado por dichos lugares salvo por estas instancias. Lo veo tal cual como lo vemos todas hoy, a un mes de las elecciones.
Y claro está, muchas con solo oír esta palabra volcarán su atención a algo mucho más “importante”: su faccimil psu, su posible vestido de graduación, algunas incluso en un simple espejo. Es justamente eso lo que hemos heredado: un creciente y generalizado desinterés.
Somos nosotras parte de la nueva generación de votantes, esa que posee una prácticamente nula instrucción cívica, en quienes abunda el desinterés y la desinformación por lo que llamamos política, refiriéndonos a lo que nos han querido inculcar como esta, olvidado que tal concepto no hace sola referencia a la persona de traje que aparece en noticieros y periódicos. Es esta la generación a la que se le ha enseñado que la política dejó de ser el asistir a un colegio con normas de convivencia, el cual tus padres eligen según sus posibilidades, que dejó de ser el consentir un transporte público lleno de falencias, dejó de ser las dificultades de ingresar a la educación superior, la deuda que conllevan quienes logran egresar de ella y cómo eres obligado a adherirte a una AFP cuando ejerzas tu trabajo. A nosotras se nos enseñó a separar política de sociedad, y lo que es peor: ser indiferentes a ambas.
Si bien, debemos asumir nuestro nivel de culpa, porque ya no somos niños pequeños aislados de la realidad en que vivimos, sino que tenemos poder crítico, debo también reconocer que no es por completo nuestra. ¿Cómo podríamos interesarnos en una política viciada? Donde vemos aparecer siempre los mismos rostros, con las mismas viejas ideas, llenándose la boca con la palabra democracia, ¿Cómo creer en una democracia de círculo cerrado? Dejamos de interesarnos en ella cuando dejamos de creer en ella, cuando se transforma en un cliché y el poder deja de recaer en la demos sino que está en manos de un grupo perteneciente a ella, lejano y minoritario.
Y de esto son responsables las generaciones que nos anteceden. Han sido ellos los que dieron su voto  ingenuo a falsos líderes, pero por sobre todo los que, a plena conciencia, han roto nuestra confianza en la democracia, al seguir votando por quienes han traicionado su discurso de servir a la población. Son nuestros padres, nuestro abuelos, los que nos entregan un país gobernado tanto ejecutiva como legislativamente por los mismos quienes han vendido la licitación de nuestras semillas en pro del ingreso de semillas transgénicas, quienes han aprobado proyectos que destuyen nuestros ecosistemas como Pascualama e Hidroaysen, han concesionado a privados -en su mayoría extranjeros -servicios como la luz y el agua, quienes han dejado en manos de unos pocos los recursos naturales de todos, quienes llamaron a interrumpir el estado de derecho hace unos años, y que no han efectuado cambio alguno al legado de una constitución ilegitima. Y me arriesgo a dar por hecho que este 17 de noviembre lo volverán a hacer
Esta situación me lleva a una serie de dudas internas ¿será acaso, que el hombre se volvió incapaz de aprender de sus errores? ¿Dejó de ser un ser lógico y racional?, ¿Abandonamos lo que tanto jactamos que nos separa de los otros animales o nos ganó la indiferencia, o lo que es más decepcionante: la resignación? Al preguntar por qué repetirán el patrón a quienes me han situado en este contexto, recibo como respuesta  “Si votara por otro, sería perder el voto”. No sé ustedes, pero a mi parecer es una respuesta fundada en el miedo, en el inherente miedo al cambio.
Bajo mi precario análisis, sin ser cientista, antropóloga, sociologa ni ninguna clase de experta, planteo la idea de que la mayoría de los chilenos continúa con un esquema de la política caducada, esa que necesita un gobernante prácticamente autoritario, una clase política alejada del común de la población, que los hace ver a sí mismos ignorantes frente a temas que le incumben en su totalidad y que ve inimaginable que uno de ellos (un amigo, un hijo, un vecino) se siente en los almidonados sofás en los que presidente, ministros, diputados y senadores (entre otros) se sientan.
Bajo el miedo es que han olvidado el verdadero sentido de la democracia, su finalidad en su origen directo, y que en su carácter representativo han olvidado lo que significa “representar”. Veo ciudadanos que disminuyen el valor de su voto,  siendo uno de los únicos medios, dentro de este manoseado sistema, de expresar con frutos una opinión, denigrando así esta última, desplazando la elección que realmente los representa por quienes creen que es un candidato seguro, o lo que se ha hecho más común aún “el menos peor”.
Es por esto que les hago un llamado a ustedes,  quienes están a tiempo de hacer crecer al árbol derecho, a abandonar los viejos signos de política, a cambiar lo que nos han hecho creer una democracia, a ser partícipes, no solo votando por quienes realmente les represente, sino que no haciendolo o anulando el voto si nadie cumple sus expectativas. Como también a involucrarse de forma activa, ya que entre nosotros estarán los representantes del mañana. Informemonos, analicemos, abramos las puertas a rostros nuevos.
Es cierto, quienes son parte del poder judicial, ejecutivo y legislativo están tan cegados de ambición y poder que creemos que todo quien busca un lugar en esas filas querrá lo mismo, pero debemos entender que para cambiar algo es necesario ser parte de ello. Depositemos nuestra confianza en quienes vienen de donde nosotros venimos, pero aprendamos de nuestro pasado y no caigamos en los mismos errores.

Tengo la esperanza depositada en esta y las futuras generaciones, en que limpiemos la política y la sociedad de quienes buscan su beneficio personal, sepamos distinguirlos y abordarlos en cuanto se nos presenten en el diario vivir. Tengo fe en que en un futuro exista la confianza necesaria para sostener un sistema sano, porque como dijo Gandhi "La democracia se romperá con las riendas tensas. Sólo podrá existir apoyada en la confianza."
Hago un llamado a crecer como personas, en todos los ámbitos, para ser mejores jóvenes, mejores profesionales, velar en todo aspecto por un bien común y ser así mejores líderes de un mejor futuro.

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