Oculta en la blancura abrió la mítica puerta saliendo a una pradera de verdes pastos, el cielo azulado no tenía ni una nube a su haber. Salió de la habitación dando tímidos pasos sobre el césped y con cada uno de ellos la tierra se erguía bajo sus pies levantando montaña tras de sí. Sus pasos crearon a su alrededor cerros llenos de flora en los que se vio perdida, caminando entre los árboles veía formarse hacía futuro una senda pedregosa. El viento no dejó que se sintiera perdida, le rodeo la cintura, la giró hasta llegar al mismo punto en el que estaba luego tomó de su mano y bailó con ella dirigiendo su camino al andar.
Su danza freno de golpe al cruzarse un río que mojó sus pies hasta llevarla a la entrada de una cabaña.
La anticuada madera la recibía con un cartel de bienvenida en la puerta, misma puerta que el viento abrió invitándola a pasar. Era un solo cuarto, sin nada en él, nada a parte de globos multicolores que se aglutinaban en el breve espacio - REVIÉNTAME!- decía uno, el más grande de todos, y de un abrazo la pobre burbuja artificial perdió su forma y dejó caer papeles multicolores. Entre el confeti desplegado en el suelo un papel blanco resaltaba - No dejaré que pierdas la magia- decía. Bajo tanto papel se dejaba ver una manilla, una compuerta que como único camino tenía una oscura escalera. Paso a paso descendió, mientras a los pies de la escalera veía prenderse una luz con cada uno de ellos. Llegando al final vio un cuarto lleno de velas encendidas, y una sonrisa junto a un cuadro de una pradera, y escuchaba una frase que decía algo que aún no logro comprender. De su pecho el ave salió revoloteando, por fin en libertad, hasta deshacerse en cantos.
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