sábado, 21 de septiembre de 2013

Escrito CLXXIX

Quejidos. Múltiples quejidos tras los barrotes de los que me libraste. Las mujeres paseantes de blanco con escapularios en las manos abandonadas por una nueva y más remota prisión. La desolación.
En el mundo tras la espalda tus palabras amortiguaron la caía al otro lado de las montañas. Dada por loca, arrebatada de toda iluminación. Ojalá valorara cómo se debe el calor de tu compañía. La fidelidad de perro a una amistad perdida y rumoreada.
¿Cuánto dolor puede aguantar la artista chilena?. Su mirada pedida en la entrega de lo que le queda de alma. Y él, ahí, acompañándola en su perdición, entendiendo su frágil mundo lleno de desdén y controversia. Cuánto pudo haber sido. Cuánto pude ser.
Ser el Vicente de esta Teresa. Esa llama perdida entre las brazas de la amistad que la sustenta. El infinito consuelo, el infinito interés. La tolerancia fundada en tantos te quiero. Un gesto sin despedida, un gesto eterno.

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