Porque llegué tarde ahora siento esta opresión. Son manos enormes, llenas de clavos, que toman mi corazón y mis pulmones como su objeto de diversión. Los aprietan, presionan y sueltan, solo para volver a contraerlos más tarde. Los estrangulan, retuercen y estrujan en un macabro juego.
Pero intento verle el lado positivo a todo esto - me niego a quebrarme- será, para mi, una larga despedida de soltera.
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