martes, 24 de julio de 2012

Esa mañana - Escrito LXXXII

Eran cerca de las 9 am, o las 8 quizá, no me recuerdo del todo. Estaba presa de un aventurado juego. En un momento de dudas y libertades llegó como una señal. No hubo tiempo de pensar demasiado, todo se dio como debía darse; pero lo pensé. Con su recuerdo en la mano me pregunté si valía la pena: perdería todo un futuro, un hermoso futuro, tiraría al piso las ilusiones y esperanzas, las sonrisas que en un momento tuve, cambiaría todo por unas cuantas horas entre otras caricias, otros abrazos y otros labios. La respuesta la tuve al instante "No, no vale la pena". Pero pasó. Fue una instantánea pero hermosa madrugada, un amanecer en donde obtuve la respuesta que, como muchas veces, no quise asumir.
Él llegó con el único fin de demostrarme que no estaba lista. No estaba sana, no era buena, no era libre. Él me dio un "no". Con ese mismo no contesto ahora. No, no me arrepiento. No, no estaba lista. No, no estaba dispuesta. 
Hoy el tiempo se hace remoto, y sigo pensando que no valió la pena, pero agradezco a esa noche, amanecer y mañana, por enseñarme mis demonios, a él por darme esa noche y esa respuesta, a los astros por mantener silencio, y a los vicios que se han quedado en el pasado.

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