martes, 19 de marzo de 2013

Mambo, que rico el mambo ~

Ya era tarde. Caminábamos hacia el paradero después de bastante esperar al resto del grupo. Bordeábamos un parque hermoso, o al menos así se veía de noche y tras las rejas que lo resguardaban
- Es San Borga - señalaste
Estaba cerrado, lástima. Y yo, en mi extraña costumbre y fascinación de hacerlo, pensaba en cómo saltarla.
- Igual podríamos saltarla- digo, con la vista en los barrotes
Era baja, y si te acomodabas lo necesario era sencilla de pasar. Llegamos a la entrada, el cerrojo ayudaría como apoyo.
- Deben de haber guardias - dije y me miraste con inseguridad, arrepentido por dicho obstáculo, pero no, algo me llamaba a entrar y te miré con decisión.
Me observabas fascinado, como diciendo "que loca esta niña". Dejé la mochila en el piso y me dispuse a saltar la reja, ya dentro del parque me secundaste en la acción.
Eramos libres, con todo un parque para nosotros y nadie más.
- ¡Agua! - grité, señalando los aparatos de riego encendidos y corrí hacia ellos arrastrándote conmigo.
Mojados y extasiados. La música, los amigos, el ambiente. Una vez más olvidaba la hora.
Corríamos por el parque, eramos dos niños, dos pequeños e inocentes niños sin responsabilidades, incluso luego de que nos descubrieran y nos echaran.
Sea lo que haya pasado, a parte de la felicidad que desprendías y la increíblemente grata sensación de que dicha felicidad tuviera mi nombre, lo mejor del día es que volví a disfrutar mi locura.
Volvió la niña impulsiva, loca, que ama vivir. Aunque sea por un momento volví a ser la más feliz de mis yo.


No hay comentarios:

Publicar un comentario